Un hombre fingió entregar una encomienda y usó ese engaño para atacar con ácido a una joven de 25 años en el partido de Tres de Febrero, provincia de Buenos Aires. El hecho sacude a la opinión pública por su premeditación y su crueldad: no hubo forcejeo, no hubo robo. Solo un plan para destruir.
La víctima sufrió quemaduras en el 32% del cuerpo y permanece internada en terapia intensiva. Los médicos advierten que podría perder la visión, uno de los daños más devastadores que puede dejar este tipo de agresión. Cada hora que pasa sin respuesta médica definitiva es una hora de incertidumbre para su familia.
El agresor se presentó en la puerta con la coartada de una entrega de encomienda, un método que habla de planificación previa. No fue un ataque impulsivo: alguien consiguió el ácido, eligió el momento y eligió a la víctima. Esa frialdad es lo que más estremece del caso.
Hasta el momento, el agresor permanece prófugo y las fuerzas de seguridad lo buscan activamente. No trascendieron detalles sobre el vínculo entre el atacante y la joven ni sobre el móvil del ataque.
Los ataques con ácido representan una de las formas más extremas de violencia: generan daños irreversibles, dolor prolongado y un impacto psicológico que no termina con el alta médica. La investigación judicial deberá determinar quién ordenó o ejecutó este ataque y por qué razón una joven de 25 años terminó en terapia intensiva con el futuro de su vista en juego.


