Firmaron el contrato con la ilusión de dejar el alquiler atrás. Hoy, muchos de esos mismos firmantes deben más de lo que alguna vez les prestaron, después de haber pagado decenas de cuotas. Los créditos hipotecarios UVA, lanzados durante la gestión de Mauricio Macri en 2017 y 2018, se convirtieron para miles de familias argentinas en una deuda que crece más rápido de lo que se puede pagar.
El gobierno nacional sostiene que la morosidad de estos créditos es baja, en torno al 1,6 por ciento. Lo que no dice es que ese número casi se triplicó desde la asunción de La Libertad Avanza. El colectivo Hipotecados UVA lo define sin rodeos: un “sacrificio colosal e inhumano de las familias trabajadoras”.
Uno de los referentes del movimiento describe el mecanismo con claridad: la gente prioriza la cuota del préstamo por encima de cualquier otro gasto, como si fuera el alquiler. Pero para lograrlo se endeuda con tarjetas y otros créditos, generando un espiral que termina siendo insostenible. El resultado es, según sus palabras, un “profundo daño psicológico” en las familias, alimentado por el miedo constante a perder la vivienda única.
Los números concretos son difíciles de digerir. Un vecino de Almirante Brown, provincia de Buenos Aires, pidió casi 3 millones de pesos en 2018 y hoy debe más de 200 millones. Prefiere no dar su nombre por vergüenza. A valor del dólar de aquel momento, pidió el equivalente a 80 mil dólares; hoy su deuda supera los 130 mil dólares, a pesar de haber abonado más de 90 cuotas. Debe más de un 50 por ciento por encima del monto original solicitado.
El núcleo del problema está en el salario. La Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) se mueve con la inflación, pero las cuotas se pagan con el sueldo, y los sueldos no acompañaron ese ritmo. Desde que asumió Milei, los salarios perdieron más de 30 puntos contra la inflación. Para graficar el impacto: los ingresos del vecino de Brown equivalían a 4.400 UVAs cuando tomó el crédito; hoy apenas superan las 1.400 UVAs.
Tampoco sirve el argumento de que alcanza con vender la propiedad para saldar la deuda. Las viviendas perdieron más de un 30 por ciento de su valor durante la pandemia, y ese terreno no se recuperó. Con la actual gestión, los precios volvieron a caer. La ecuación no cierra por ningún lado.
El colectivo reclama desde hace años una solución concreta: cambiar el índice de actualización, abandonar las UVAs y establecer un sistema ligado al movimiento del salario. También piden un tope en la cuota para que no supere un tercio de los ingresos del deudor, porque hay casos donde se lleva más de la mitad. Según sus referentes, desde que asumió el gobierno de Milei no hubo un solo contacto oficial para explorar alguna viabilidad al reclamo.
El colectivo nació en julio de 2018, cuando las deudas empezaron a crecer de manera visible durante la segunda etapa del macrismo. Quienes lo integran no son especuladores ni inversores inmobiliarios: son familias que querían tener un techo propio y proyectaron una vida a partir de ese sueño. Hoy, en algunos casos, la cuota mensual se quintuplicó desde que Milei llegó a la Casa Rosada, y la salida sigue sin aparecer en el horizonte.


