La picardía tiene límites, y en la Ruta 9 ese límite lo pusieron los agentes de Seguridad Vial que detectaron una maniobra que mezcla ingenio con descaro: un camionero circulaba con un mecanismo rebatible para tapar la patente delantera y, por las dudas, le había untado barro encima de las chapas traseras. Doble cobertura, cero sutileza.
Cuando los agentes lo frenaron y lo encararon con las evidencias, el conductor no se anduvo con vueltas. La frase que soltó lo dice todo: “Fijate si me hacés zafar”. Una apelación directa, casi simpática si no fuera porque estamos hablando de alguien que diseñó un sistema para burlar radares en una ruta donde el control de velocidad y la identificación de vehículos es una cuestión de seguridad pública, no un trámite burocrático.
El sistema rebatible para la patente delantera no es un descuido ni una casualidad: es una modificación intencional. Alguien pensó en eso, lo instaló y salió a la ruta confiando en que iba a funcionar. Y funcionó, hasta que no funcionó más.
El resultado fue una multa superior a los $600.000. Un número que duele, pero que tal vez sea el único argumento que convenza a quienes creen que esquivar un radar es un deporte sin consecuencias. Los radares no son el enemigo: son el registro de lo que pasa en la ruta. Taparlos no borra la velocidad, borra la responsabilidad.
El caso quedó en manos de las autoridades de tránsito y el vehículo fue objeto de las actuaciones correspondientes por las infracciones constatadas.


