La advertencia fue directa y sin vueltas: “Las consecuencias están a poco de llegar”, dijo el gobernador Rogelio Frigerio al convocar a intendentes y funcionarios provinciales para coordinar la respuesta ante el fenómeno de El Niño. No es un simulacro. Es preparación real ante un escenario que la provincia ya conoce demasiado bien.
La reunión puso sobre la mesa los números más duros. Concordia, la ciudad que más veces ha visto al río Uruguay entrar por las puertas de los barrios bajos, proyecta hasta 8.000 evacuados si el caudal alcanza los 16 metros. Una cifra que no es catastrofismo: es planificación de emergencia basada en antecedentes concretos.
Frigerio fue claro en el diagnóstico: “Necesitamos estar listos en todas las áreas”. La frase suena a consigna, pero el contexto le da peso. Coordinar intendentes de distintos municipios, con recursos distintos y capacidades distintas, no es tarea menor. El Niño no avisa con exactitud cuándo llega ni cuánto dura, y esa incertidumbre es, precisamente, el mayor enemigo de la gestión preventiva.
La pregunta que queda flotando es cuánto de lo que se coordina hoy va a estar disponible cuando el agua suba de verdad. Entre Ríos tiene historia de inundaciones y también tiene historia de respuestas tardías, de evacuados que esperaron demasiado, de barrios que quedaron aislados más tiempo del necesario. La diferencia entre una coordinación efectiva y una reunión de buenas intenciones se mide después, cuando el río manda.
Por ahora, la provincia avanza en la articulación de acciones preventivas entre el gobierno provincial y los municipios más expuestos. Concordia es uno de los focos principales del operativo, dado su historial de evacuaciones masivas. Las próximas semanas serán clave para saber si el dispositivo de alerta y respuesta está a la altura del desafío que se viene.


