No hay señal que alcance para calmar al mercado. El riesgo país llegó este jueves a 522 puntos básicos, con una suba del 1% en el día y un acumulado del 21,2% en lo que va de agosto. Son ya trece ruedas consecutivas al alza, una racha que empieza a preocupar seriamente a quienes siguen la evolución de la deuda soberana argentina.
Los bonos argentinos en dólares que cotizan en Nueva York muestran pérdidas de hasta 0,7% en la jornada, con el AL29 como uno de los más golpeados. En el acumulado mensual, la caída de los títulos públicos llega al 7%, un número que habla de una tendencia sostenida, no de un tropiezo puntual.
La pregunta que flota en el ambiente financiero es directa: por qué no alcanza. Esta semana el Gobierno anunció que Argentina cerró julio con superávit, tanto primario como fiscal. Un dato que en otro contexto hubiera sido un salvavidas para el humor del mercado. Esta vez, no movió el amperímetro. Los inversores internacionales mantienen sus dudas y no las ocultan.
El diagnóstico que circula entre los fondos de inversión apunta a varios frentes simultáneos: la caída de la imagen del Gobierno, la tensión política con sectores que hasta hace poco eran aliados del oficialismo, el estancamiento de la actividad económica y la caída del poder adquisitivo. Todo ese combo complica las perspectivas electorales de cara a 2027 y, por extensión, la continuidad del plan económico. Para los fondos, apostar a la Argentina hoy es apostar a una incógnita política de mediano plazo.
A eso se suma un factor externo que no ayuda: la tensión global por el conflicto en el estrecho de Ormuz empujó al alza el precio del petróleo y llevó a los inversores a refugiarse en activos más estables, alejándose de los bonos de países emergentes como el nuestro. Cuando el mundo se pone nervioso, la Argentina siempre paga un costo adicional.
El indicador del riesgo país, que calcula diariamente el banco JP Morgan, mide el sobrecosto que paga la Argentina para endeudarse respecto de los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Cuanto más alto, más cara y más difícil se vuelve la posibilidad de acceder a los mercados de crédito internacionales. Con 522 puntos y sin señales de reversión a la vista, la presión sobre el equipo económico crece con cada rueda que pasa.


