jueves, agosto 20, 2026
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Turbinas en canales: la apuesta que desafía a las grandes represas

La pregunta era simple pero incómoda: si ya hay miles de canales transportando agua todos los días, ¿por qué seguir construyendo represas gigantes desde cero? Esa incomodidad productiva fue el punto de partida de un sistema que hoy despierta atención en el mundo de las energías renovables.

La ingeniera estadounidense Emily Morris y el profesor alemán Thorsten Stoesser desarrollaron una tecnología capaz de instalar pequeños módulos hidroeléctricos directamente sobre canales existentes, sin interrumpir su funcionamiento ni requerir grandes obras de infraestructura hidráulica. El sistema se llama Hydro-Transition Unit y su lógica es tan directa como elegante: aprovechar el agua que ya está en movimiento.

El dispositivo modifica temporalmente las condiciones del flujo, estrecha el paso del agua y aumenta su velocidad antes de que llegue a las turbinas. En el centro del mecanismo funcionan pares de rotores Darrieus, turbinas verticales que giran en sentidos opuestos al paso del agua y convierten ese movimiento en electricidad. Cada módulo puede generar entre 5 y 25 kilovatios, y la clave está en que se pueden sumar unidades según la demanda, sin necesidad de construir una central completa.

El mantenimiento también fue pensado con criterio práctico: los componentes se retiran o reemplazan sin dejar el canal fuera de servicio por períodos prolongados. Para instalaciones agrícolas o redes urbanas de agua, eso no es un detalle menor, es la diferencia entre una tecnología viable y una que queda en el papel.

La historia de este proyecto arranca en 2008, cuando Stoesser comenzó a investigar dispositivos hidrocinéticos en el Instituto de Tecnología de Georgia. Morris, por su parte, venía del mundo de las tecnologías de transmisión naval. Sus caminos confluyeron alrededor de una misma convicción: generar energía donde el agua ya circula, sin construir nada enorme para lograrlo.

En 2014, Morris fundó Emrgy, una empresa con sede en Atlanta dedicada al desarrollo de esta tecnología. Los primeros prototipos se probaron en una estación de tratamiento de aguas de esa misma ciudad, y en 2017 se instalaron diez turbinas a escala real en el South Boulder Canal, cerca de Denver. La prueba de fuego superada en campo real, no solo en laboratorio.

Una de las ventajas que más destacan los desarrolladores es la proximidad entre generación y consumo: al producir electricidad cerca de donde se necesita, se reduce la pérdida por transmisión. Los canales agrícolas e industriales ya mueven volúmenes enormes de agua a diario; la propuesta es simplemente no desperdiciar la energía cinética que ese movimiento ya contiene. Un principio que, visto así, parece casi obvio, aunque haya tardado décadas en tomar forma concreta.

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