La denuncia es dura y viene con datos: los desayunos que reciben muchos chicos en las escuelas de Entre Ríos no cumplen ningún estándar nutricional serio. Así lo advirtió Britos, integrante de Profeni, quien puso sobre la mesa una realidad que incomoda pero que no puede seguir ignorándose.
El especialista explicó que el problema estructural está en el modelo de compras. En la provincia, cada escuela adquiere sus propios alimentos de manera descentralizada, lo que genera diferencias enormes entre establecimientos. “Esto genera una irregularidad y en líneas generales una monotonía y una baja calidad de los alimentos que suelen comprarse en las escuelas”, sostuvo. La aclaración que hizo es importante: no se trata de responsabilizar a los directivos, que en muchos casos hacen lo mejor posible con los recursos que tienen. El problema es sistémico.
Lo más preocupante llegó cuando habló de los desayunos. A partir de relevamientos realizados en distintos comedores escolares de Entre Ríos, Britos describió lo que encontraron con una frase que no deja margen para el eufemismo: “son literalmente agua azucarada”. Poca proteína, pocos micronutrientes, cero aporte real para un chico que tiene por delante horas de clases.
El investigador también cuestionó el criterio técnico que usa la legislación argentina para los sellos de advertencia en los alimentos. Explicó que el sistema calcula los límites de azúcar, sodio o grasas en función de las calorías del producto, lo que puede llevar a que alimentos con cantidades muy pequeñas de esos componentes igual terminen con un octógono. “Hay alimentos con pocas calorías y cantidades muy pequeñas de azúcar o sodio que igualmente terminan llevando un octógono de advertencia”, señaló. Para Britos, la calidad nutricional no puede medirse solo por la presencia o ausencia de un sello: hay que evaluar la composición completa, la cantidad consumida y el aporte de proteínas, vitaminas y minerales.
El planteo central que dejó instalado es una pregunta incómoda: ¿el sistema actual realmente garantiza que los chicos coman bien? Su respuesta implícita es que no. Por eso propuso ir más allá del debate sobre la modalidad de compra y avanzar en una reformulación del sistema alimentario escolar con criterios nutricionales definidos, controles efectivos y estándares comunes para toda la provincia.
La discusión que abre Britos no es menor: mientras el debate político suele girar en torno a los montos de las partidas presupuestarias, lo que llega al plato de los chicos sigue siendo, en demasiados casos, una incógnita sin respuesta clara.


