Nueve jornadas consecutivas en rojo. Eso acumulan los bonos soberanos argentinos, y este viernes el riesgo país de JP Morgan trepó hasta los 480 puntos básicos, el nivel más alto desde el 10 de junio, acercándose peligrosamente a la barrera psicológica de los 500 puntos.
La jornada estuvo marcada por una cautela generalizada entre los inversores, que procesaron dos señales al mismo tiempo: el dato de inflación de julio del INDEC —que confirmó una desaceleración al 2,1% mensual, en línea con las expectativas— y el anuncio del gobierno de Javier Milei sobre la flexibilización de créditos en dólares para empresas. Ninguna de las dos alcanzó para torcer el humor del mercado.
Los Bonares y Globales retrocedieron en promedio un 0,5%, mientras que las bolsas de Nueva York operaron con caídas de entre 0,2% y 0,3%. El petróleo, en cambio, subió más del 1%.
Desde GMA Capital plantearon el interrogante que flota sobre las mesas de dinero: ¿la suba del riesgo país responde a los traspiés macroeconómicos recientes, o está más ligada a la combinación de una situación microeconómica delicada —salarios, empleo, heterogeneidad sectorial— con la erosión de la imagen del oficialismo de cara a 2027? La pregunta, admitieron, todavía no tiene respuesta.
El mismo informe señaló un dato que habla de un cambio de ciclo: durante el primer semestre, Argentina fue una de las historias positivas dentro de la deuda emergente y capturó una fuerte compresión de spreads. Ahora ese diferencial empieza a revertirse.
El Ieral de la Fundación Mediterránea recordó que, pese a los avances macroeconómicos desde diciembre de 2023, el riesgo país no logra perforar el piso de los 400 puntos básicos, umbral que permitiría al país volver a los mercados internacionales de crédito. Las restricciones a los movimientos de capitales y el historial de incumplimientos de deuda pesan como una losa.
En ese contexto llegó la medida del ministro de Economía, Luis Caputo: los bancos podrán prestar en dólares a todo tipo de empresas —ya no solo a las que generan ingresos en esa moneda—, con un límite del 15% adicional de sus depósitos. Según Max Capital, eso representa una capacidad de préstamo de alrededor de 6.000 millones de dólares que hasta ahora permanecía depositada en el Banco Central. El objetivo declarado es dinamizar la economía y alentar la salida de dólares atesorados sin declaración fiscal.
En paralelo, la Municipalidad de San Isidro captó $30.000 millones en el mercado de capitales mediante la emisión de títulos de deuda de infraestructura a tres años, con ofertas que superaron los $38.576 millones, colocados a una tasa TAMAR más 7%. Un dato que muestra que el mercado local sigue activo para ciertos emisores, aunque el humor general sobre la deuda soberana argentina siga siendo otro.


