Un trabajador murió cuando recibió el telegrama de despido. Eso lo dice el propio gremialista, y no hace falta agregar nada más para entender el tamaño de la crisis que atraviesan los empleados de Granja Tres Arroyos.
El sindicalista Vereda describió una situación de angustia extrema entre los trabajadores afectados: 255 personas quedaron fuera de la empresa, con una deuda que incluye tres meses de salarios y el medio aguinaldo, sin certezas sobre si van a cobrar la indemnización. “La desesperación es cada vez más grande”, afirmó. “La que cerró las puertas fue la empresa”, subrayó, destacando que los trabajadores siempre estuvieron a disposición.
Los despidos alcanzaron a los afiliados del Sindicato de la Alimentación, no a los de la Carne. Ayer se realizó una asamblea con los afiliados de este último gremio para analizar el panorama legal. La esperanza de reapertura persiste, pero los meses pasan sin novedades concretas. “Es todo muy caótico, la gente está muy enojada y las asambleas son muy difíciles”, explicó Vereda.
En el sindicato interpretan que los despidos masivos forman parte de una estrategia para reducir el pasivo laboral antes de un eventual concurso de acreedores o de cara a atraer un comprador. Si la empresa entra en concurso, los trabajadores cobrarían sus indemnizaciones recién cuando ese proceso concluya. “Las empresas, cuando tienen un problema, lamentablemente el que termina pagando es el trabajador”, lamentó Vereda.
La esperanza del gremio está puesta en la planta La China, donde históricamente arrancó Tres Arroyos. “Ojalá respeten por lo menos eso y arranquen acá”, pidió Vereda. La condición que pone el sindicato es clara: cuando se reinicien las tareas, la empresa deberá cumplir con todos los pagos adeudados.
El panorama de reabsorción laboral es sombrío. Vereda fue directo: es “imposible” que los demás frigoríficos de la ciudad incorporen a los 255 despedidos. Y advirtió sobre una tendencia que va más allá de este caso puntual: la automatización avanza sin pausa. Mencionó el caso del grupo Motta, cuya planta en Estación General Racedo, a unos 40 kilómetros al sur de Paraná, opera con equipos automáticos de última generación para el colgado, aturdido, eviscerado, trozado y enfriamiento de aves. “Con un 10% de la gente, hacen el mismo trabajo”, graficó. “Eso es lo que se está viviendo y lo que se viene”.
En el plano político, el dirigente Garay puso el foco en el gobernador Frigerio: días antes de que llegaran los telegramas de despido, el mandatario había mantenido una reunión con el presidente del directorio de la empresa, Joaquín De Grazia. “Nos gustaría saber qué charlaron y a qué acuerdo arribaron”, planteó Garay. Sostuvo además que la Provincia debería haber jugado un rol más decisivo, poniéndose al frente de la resolución del conflicto. Recordó al ex gobernador Jorge Busti como ejemplo de un mandatario que ante crisis de esta magnitud buscaba soluciones de manera activa. El reclamo es concreto: que el Estado provincial deje de ser un espectador y tome la iniciativa antes de que las familias afectadas agoten toda esperanza.


