Una planta más grande, maquinaria modernizada y tres millones de dólares invertidos. Eso fue lo que el gobernador Rogelio Frigerio fue a inaugurar esta semana junto a la empresa ITASA, que concretó una ampliación y modernización de sus instalaciones al amparo del Régimen de Inversión Industrial de Entre Ríos (RINI).
El mandatario provincial no escatimó en entusiasmo. “Este es el camino”, dijo Frigerio al referirse al esquema de incentivos que la provincia diseñó para atraer capital privado al sector industrial. Y no es un dato menor: según el propio gobernador, el RINI ya acumula compromisos de inversión por cerca de US$200 millones en total, lo que lo posiciona como una de las herramientas más activas de la gestión PRO en Entre Ríos.
El caso de ITASA es el tipo de resultado que el gobierno provincial quiere mostrar como modelo. Una empresa que decide quedarse, crecer y modernizarse dentro de la provincia, en lugar de migrar capitales hacia otras jurisdicciones con mejores condiciones. En un contexto nacional donde la inversión industrial sigue siendo esquiva, ese tipo de señales tiene peso político y económico a la vez.
La pregunta que queda flotando es si el ritmo de los compromisos se va a traducir en obras y empleos concretos al mismo ritmo. Anunciar doscientos millones en intenciones de inversión es una cosa; verlos materializados en plantas, puestos de trabajo y producción real es otra. El gobierno entrerriano tiene en el RINI una vitrina que cuida con atención, y cada inauguración como la de ITASA es un argumento más en esa dirección.
Con este nuevo hito, Entre Ríos suma otro caso concreto al historial del régimen industrial, mientras Frigerio sigue apostando a los incentivos privados como eje de la política de desarrollo productivo provincial.


