lunes, agosto 10, 2026
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18 días después del temporal, la Escuela N°17 sigue sin techo reparado

Dieciocho días. Ese es el tiempo que pasó desde que una ráfaga de viento arrancó un sector de 10 por 10 metros del techo de la Escuela N° 17, y la reparación todavía no llegó. Mientras tanto, 700 alumnos de los niveles inicial y primario y unos 60 docentes siguen yendo a un edificio que el propio gremio docente califica de inseguro.

El temporal del 20 de julio no fue poca cosa. La directora Diana Carmarán reportó en aquel momento que el viento no solo desprendió el techo: también arrancó cenefas y otras estructuras, y el ingreso de agua dañó el Salón de Usos Múltiples, un depósito de Educación Física, el kiosco escolar, la biblioteca del nivel superior y varios equipos electrónicos y computadoras. Las clases se reorganizaron para funcionar solo en los sectores sin daños, mientras personal de la Dirección Departamental de Escuelas y de la Zonal de Arquitectura elaboraba un informe técnico. Hasta ahí, el protocolo.

Lo que vino después es lo que indigna. AGMER denunció que, al 30 de julio, cuando representantes del sindicato visitaron el establecimiento tras el reclamo de la comunidad educativa, el techo seguía igual. Sin reparar. Y la escuela, funcionando con la totalidad de los estudiantes adentro, algo que el gremio ya había cuestionado desde el primer momento.

Ante esa situación, AGMER exigió la suspensión de las clases en días de lluvia, sin permanencia de docentes ni personal auxiliar en el edificio hasta que se garanticen condiciones seguras. También reclamó una reorganización de las actividades acorde con la gravedad del problema y, lo más básico: la reparación urgente del establecimiento.

El número habla por sí solo. Por las mañanas y las tardes pasan por esa escuela 700 chicos y 60 docentes. Por la noche, el Profesorado de Educación Física suma cerca de 500 estudiantes más. No es una escuela chica ni un caso marginal: es un edificio de alta concurrencia que lleva más de dos semanas funcionando con un boquete en el techo.

La comunidad educativa, directivos, docentes y familias, sigue esperando que las obras avancen y que el edificio recupere las condiciones mínimas de seguridad y salubridad que cualquier escuela debería garantizar.

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