El gigante avícola Granja Tres Arroyos llegó al límite. Con una deuda que supera los US$350 millones, la empresa presentó un plan de reestructuración que incluye venta de activos, ingreso de nuevos socios y renegociación de compromisos con bancos y proveedores. El objetivo es uno solo: no caer en quiebra.
Parte del plan tiene nombre y apellido entrerriano. La compañía pondrá a la venta tres unidades de negocios radicadas en Entre Ríos, una movida que refleja la gravedad del momento y la urgencia por conseguir liquidez. No es un ajuste cosmético: es cirugía mayor sobre uno de los grupos agroindustriales más grandes del país.
Para mantenerse a flote, Tres Arroyos necesita reunir más de US$115 millones en el marco de este proceso. La ecuación combina el ingreso de nuevos inversores, la venta de esos activos provinciales y la renegociación de los compromisos financieros con acreedores. Un esquema complejo que exige que varios frentes se muevan al mismo tiempo y en la misma dirección.
La situación pone en alerta a toda la cadena avícola entrerriana. Entre Ríos es una de las provincias con mayor peso en la producción avícola nacional, y cualquier movimiento de esta magnitud en Tres Arroyos tiene efectos directos sobre proveedores, trabajadores y economías locales vinculadas al sector. La venta de unidades no es un dato menor: define quién va a quedar al mando de esos eslabones productivos y bajo qué condiciones.
Lo que está en juego no es solo el futuro de una empresa: es la estabilidad de un sector que emplea a miles de personas en la región. El plan presentado es ambicioso, pero los plazos y las condiciones del mercado dirán si alcanza para sostener la estructura o si la crisis termina siendo más grande que cualquier plan de rescate.


