Hay edificios que no son solo ladrillos y cal: son la memoria viva de un pueblo. La parroquia San Benito Abad, en la localidad entrerriana de San Benito, es exactamente eso. Construida por inmigrantes friulanos que llegaron a estas tierras con poco más que sus manos y su fe, la iglesia está íntimamente ligada al origen mismo de la comunidad que hoy lleva su nombre.
En los últimos días, el templo fue sometido a trabajos de pintura y mantenimiento que le devuelven parte del brillo que el tiempo y la intemperie le habían ido quitando. No es una refacción menor: es un gesto de respeto hacia una historia que tiene más de un siglo de espesor.
El párroco Mario Taborda fue quien puso en palabras lo que la comunidad siente. Repasó la historia del templo, su vínculo con las familias fundadoras de la localidad y anticipó que los trabajos actuales son apenas el comienzo: hay nuevas reformas proyectadas para seguir poniendo en valor el patrimonio religioso y cultural de San Benito.
La historia de esta parroquia es también la historia de la inmigración italiana en Entre Ríos. Los friulanos que se asentaron en esta zona a fines del siglo XIX y principios del XX trajeron consigo una tradición de trabajo y una devoción que quedó grabada en piedra, en los muros de esta iglesia que hoy vuelve a brillar. Cada capa de pintura nueva es, de algún modo, una capa más de identidad que se preserva.
Las intervenciones de mantenimiento en templos históricos suelen pasar desapercibidas, pero en localidades pequeñas como San Benito tienen un peso simbólico enorme. La parroquia no es solo el lugar donde se celebran misas: es el centro de gravedad de la vida comunitaria, el espacio donde se bautizaron generaciones, donde se casaron abuelos y bisabuelos, donde la localidad se reconoce a sí misma. Preservarla es preservar esa continuidad.
Con las nuevas reformas que anticipó el párroco Taborda, la parroquia San Benito Abad seguirá siendo el corazón de una comunidad que no olvida de dónde viene.


