Un mensaje de WhatsApp fue todo lo que recibieron 80 operarios de la textil Sabri para enterarse de que quedaban en la calle. Así, sin cara a cara, sin acta, sin nada: la empresa histórica que provee a marcas como Zara y Puma eligió el camino más corto para comunicar una decisión que destruye familias enteras en Catamarca.
La firma justificó los despidos en la tormenta perfecta que sacude al sector textil nacional: caída sostenida de las ventas, el aluvión de importaciones que inunda el mercado con precios imposibles de igualar, y un deterioro financiero que, según la empresa, no dejó margen de maniobra. El argumento es conocido; la forma de ejecutarlo, difícil de digerir.
La crisis del sector textil argentino no es nueva ni sorpresiva. La apertura de importaciones combinada con el consumo deprimido viene golpeando a las plantas del interior del país con una ferocidad particular: son las que menos espalda tienen para aguantar. Catamarca, provincia con escasa diversificación productiva, siente cada cierre con una intensidad que las estadísticas nacionales no siempre capturan.
Lo que sí resulta inédito, o al menos llama la atención con fuerza, es el canal elegido para comunicar una medida de semejante magnitud. Ochenta familias que dependen de ese salario, notificadas por el mismo medio que se usa para coordinar un asado o avisar que se llega tarde. La pregunta que queda flotando es si hay alguna normativa laboral que regule o limite este tipo de notificaciones, o si el empleador puede elegir libremente el formato con el que rompe un vínculo de trabajo.
Los gremios del sector textil y organizaciones de trabajadores vienen advirtiendo desde hace meses que la situación es crítica y que sin algún tipo de protección o política activa, los cierres y las suspensiones van a seguir acumulándose. El caso de Sabri se suma a una lista que no para de crecer en todo el país.


