En un país donde el consumo de combustibles cayó 2,9 por ciento, Entre Ríos se para en un lugar incómodo para el relato del declive generalizado: creció. Y no está sola, pero casi. Solo Neuquén, Tierra del Fuego y Mendoza acompañan a la provincia entrerriana en ese selecto grupo de cuatro que nada contra la corriente nacional.
El dato no es menor. El consumo de combustibles no es una estadística abstracta: refleja cuánta gente se mueve, cuántos camiones cargan mercadería, cuántas plantas producen. Es, en definitiva, un termómetro de la actividad económica real. Y en Entre Ríos, ese termómetro subió cuando en la mayoría del país bajó.
El ministro Bernaudo fue el encargado de poner en contexto el indicador. «Sabemos que todavía queda mucho por hacer, pero estos datos muestran que Entre Ríos está transitando un camino distinto al promedio nacional», afirmó, y agregó que detrás de los números hay productores, transportistas, comerciantes y empresas que siguen apostando e invirtiendo en la provincia.
La lectura oficial no esquiva la autocrítica: reconoce que hay trabajo pendiente, pero apunta a consolidar la tendencia. «El desafío es seguir generando condiciones para el desarrollo del sector privado y acompañar a quienes producen y generan empleo», remarcó Bernaudo, para quien cada indicador positivo refuerza la confianza para seguir creciendo.
En un contexto nacional donde la actividad económica sigue dando señales mixtas, que Entre Ríos aparezca entre las pocas provincias con consumo en alza es un dato que merece atención. La pregunta que queda abierta es si la tendencia tiene músculo suficiente para sostenerse o si es apenas un destello en medio de un ciclo todavía incierto.


