Paro activo, banderas en la calle y un mensaje claro: UPCN salió a defender el empleo público con una medida de fuerza que, según sus propios dirigentes, tuvo alta adhesión en los distintos organismos de la administración provincial. La jornada no fue solo un quite de colaboración: fue una demostración de presencia y convicción.
El Secretario General del gremio, Allende, explicó que la modalidad elegida responde a la convicción de defender el Estado más allá de quién gobierne. Pero no se guardó nada: «Milei es el responsable de que tengamos un país que se está incendiando», afirmó, marcando el tono político de la protesta. En ese marco, uno de los objetivos centrales fue tender puentes entre los trabajadores estatales y la sociedad. «Buscamos la reconciliación de la ciudadanía con los compañeros estatales, que algunos sectores se encargaron de demonizar», sostuvo.
El argumento no es menor: los trabajadores de la administración pública son quienes sostienen los servicios de salud, los comedores y la educación. Demonizarlos, en ese contexto, tiene un costo concreto para los entrerrianos de a pie. Allende remarcó que en las primeras horas de la jornada «se ve en todos los lugares el compromiso de los trabajadores» con las banderas de la defensa del Estado y del empleo público.
Pero si hubo un tema que encendió el debate interno, fue la reforma previsional. UPCN fue categórico: «Decididamente no acompañamos la reforma. Es una definición política de este gobierno», dijo el dirigente. Y fue más lejos al señalar que el proceso de discusión fue insuficiente: debió haberse dado un debate más amplio, con todos los sectores sentados a la mesa. Sin embargo, según Allende, la metodología que eligieron otros dirigentes gremiales imposibilitó ese intercambio, dejando a UPCN solo en la representación de su sector y de otros que abandonaron la discusión.
La advertencia final del Secretario General fue precisa: «Si sale la reforma, habrá que escribir un nuevo capítulo en la reglamentación y seguramente proponer leyes correctivas». Una señal de que la pelea, lejos de cerrarse, recién empieza. El gremio deja claro que no va a bajar los brazos ni con la reforma aprobada ni con el debate clausurado.


