La provincia de Entre Ríos dio un paso concreto frente a una crisis que ya no admite demoras: declaró la Urgencia Sanitaria en Salud Mental mediante el Decreto Provincial N° 2130/26, una medida que habilita al Ministerio de Salud a agilizar los procesos administrativos para implementar con mayor rapidez las acciones previstas en este campo.
La decisión no es caprichosa ni política: responde al incremento sostenido de consultas y demandas vinculadas a la salud mental registrado en los últimos años, en línea con una tendencia que preocupa tanto a nivel nacional como internacional. Según el informe Salud Mental Mundial Hoy (2024) de la Organización Mundial de la Salud, más de mil millones de personas viven con afecciones de salud mental, una de las principales causas de discapacidad en el mundo. Entre Ríos no es ajena a ese mapa.
A través de la Dirección General de Salud Mental, el ministerio adoptará medidas para potenciar la capacidad operativa de la red sanitaria. Entre las acciones previstas figuran la capacitación de equipos de salud, la redistribución del recurso humano, la creación de dispositivos intermedios y el fortalecimiento de espacios de atención en hospitales y centros de atención primaria. El objetivo es claro: garantizar una atención más oportuna, integral y cercana a la población, especialmente en los territorios donde la oferta especializada escasea.
La estrategia contará con la participación de la Comisión Provincial Interministerial de Salud Mental y Consumos Problemáticos (Coprisma), el ámbito de coordinación encargado de articular el diseño, la implementación y la evaluación de políticas públicas entre las distintas áreas del Estado, con foco en la prevención, la asistencia y la protección de derechos.
El desafío no es menor. La demanda de atención dentro del sistema sanitario provincial creció de manera sostenida y la distribución territorial de los equipos especializados sigue siendo despareja. Que el Estado provincial ponga en marcha un mecanismo de urgencia para acelerar respuestas es, al menos, una señal de que el problema fue reconocido en su real dimensión. Ahora la pregunta que queda abierta es cuánto tardarán en verse los resultados concretos sobre el terreno.


