En pleno fervor mundialista, casi en silencio y sin que nadie lo viera venir, el oficialismo y sus aliados en el Concejo Deliberante le pusieron el nombre de Julio Argentino Roca a la Costanera Nébel. Un acto simbólico que, para muchos sectores, es directamente inadmisible.
El timing no fue casual. Mientras la atención pública estaba puesta en la Selección Argentina y su camino en el Mundial, la decisión se coló por la ventana. Y ahora que el ruido de las tribunas bajó, la polémica quedó instalada con toda su fuerza.
Roca no es un nombre neutro. Para una parte importante de la historiografía y de los movimientos sociales, el dos veces presidente representa el genocidio de los pueblos originarios, la conquista sangrienta de la Patagonia, el trabajo esclavo y un modelo de país diseñado para pocos. El mismo Roca que en 1900 firmó el decreto que mutiló el Himno Nacional, quitando las estrofas que incomodaban a la Corona española —y, por extensión, a la inglesa— y las que reconocían la participación indígena en la independencia.
El paralelismo que trazan quienes rechazan la medida es directo: así como se intentó censurar el “mapita de Malvinas” en la semifinal del Mundial —acuerdo entre la FIFA, el FBI, la Policía de Georgia y autoridades argentinas e inglesas—, rendir homenaje a Roca implica también elegir qué se muestra y qué se borra de la historia. Los símbolos no son decoración: traducen valores concretos en decisiones reales.
El legado de Roca incluye, según sus críticos, el exterminio y desaparición de comunidades enteras, la apropiación de niños indígenas, campos de concentración y un modelo agroexportador de dependencia con Gran Bretaña que su propio hijo certificó sin pudor en el escandaloso Pacto Roca-Runciman de la década del 30. Fue el ministro de su segundo gobierno, Joaquín V. González, quien encargó el famoso informe de Juan Bialet Massé sobre las clases obreras —publicado en 1904— que denunció jornadas extenuantes, salarios de miseria y condiciones laborales deplorables en todo el país.
La pregunta que queda flotando es simple y directa: ¿qué quisieron decir los concejales con este homenaje? ¿Qué valores eligieron poner en el nombre de una de las arterias más transitadas de la ciudad? La decisión ya está tomada. El debate, recién empieza.


