La ciudad de Paraná se llenó de gente y banderas. Cuando el silbato final confirmó el pase de la Selección Argentina a la final del Mundial, miles de personas tomaron las calles y se concentraron en torno a la Plaza de Mayo y la Catedral para vivir el momento con todo el fervor que el fútbol argentino sabe despertar.
La multitud fue masiva, el ruido fue ensordecedor y el clima, de fiesta total. En ese contexto, la Policía de Entre Ríos desplegó un operativo de seguridad que, según el propio balance oficial, resultó altamente satisfactorio. Una calificación que no siempre se puede dar cuando hay tanta gente junta y tanta adrenalina en el aire.
Hubo, sí, tres intervenciones por hechos aislados. La fuente oficial no precisó la naturaleza de esos incidentes, pero el tono del balance dejó en claro que no alteraron el desarrollo general de los festejos ni representaron situaciones de gravedad. Tres casos en medio de una concentración masiva es, por cualquier parámetro razonable, un número bajo.
El resultado habla bien de la planificación del operativo y también, hay que decirlo, de la gente que salió a festejar. Porque un festejo popular sin incidentes mayores no es solo mérito de quien cuida el orden: también lo es de quienes eligen celebrar sin romper nada. Paraná demostró que se puede gritar campeón —o casi— con alegría y sin caos.
Ahora la atención se traslada a la final del Mundial, donde la Selección buscará coronar lo que ya es una campaña histórica. Si los festejos por la clasificación fueron así, lo que viene puede ser todavía mayor. Las fuerzas de seguridad ya tienen un antecedente concreto para planificar el próximo operativo.


