miércoles, julio 15, 2026
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UCA: la desocupación real en Argentina llega al 30%

El 6% de desocupación que miden las estadísticas oficiales no cuenta la historia completa. Según el director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, el sociólogo Agustín Salvia, si se suman las changas y los trabajos de subsistencia, el desempleo real en Argentina se acerca al 28 o 30%. Un número que cambia por completo el diagnóstico del mercado laboral.

En declaraciones recientes, Salvia advirtió que el mercado de trabajo atraviesa un cambio estructural que se aceleró en los últimos años. El empleo asalariado registrado no desapareció en silencio: fue reemplazado por un crecimiento sostenido del trabajo independiente, los emprendimientos de subsistencia y el autoempleo de supervivencia. La diferencia es brutal: uno tiene aportes, cobertura médica y aguinaldo; el otro, incertidumbre.

El dato más contundente del relevamiento es la pérdida de cerca de un millón de puestos de trabajo registrados en la última década, con aproximadamente la mitad de esa caída concentrada en los dos o tres años más recientes. No es una tendencia lenta y gradual: es una aceleración que debería encender todas las alarmas.

El propio Salvia resume la foto con una frase que no deja lugar a interpretaciones: «Hoy tenés un 30% de la fuerza de trabajo en Argentina de alta productividad, pero un 70% de subproductividad». Siete de cada diez trabajadores argentinos producen por debajo de su potencial, atrapados en actividades que apenas alcanzan para cubrir lo básico.

El informe del Observatorio también detalla qué pasa cuando alguien pierde su empleo formal: el 29% de los desempleados termina en changas o trabajo por cuenta propia para sostener sus ingresos. No es una elección, es una salida de emergencia ante la ausencia de oportunidades en el mercado registrado.

Salvia fue cuidadoso en aclarar que el cuentapropismo no es un bloque uniforme. Hay un segmento de profesionales, técnicos y trabajadores de la economía del conocimiento que eligieron la autonomía y les fue bien. Pero ese no es el grueso del fenómeno. La mayor parte del crecimiento del trabajo independiente responde a servicios personales, mantenimiento, producción artesanal y venta ambulante, con bajos ingresos y sin ninguna red de protección.

El investigador también relativizó el peso de las plataformas digitales en el debate sobre precariedad laboral. Los repartidores y conductores de aplicaciones representan apenas el 6% o 7% de la fuerza laboral, mientras que el universo de vendedores ambulantes, trabajadores eventuales y personas que viven de changas alcanza entre el 25% y el 30%. La economía de plataformas es visible y genera titulares, pero el problema es mucho más vasto y menos fotogénico.

Un detalle que el informe no pasa por alto: muchos repartidores mantienen deudas cercanas a los $900.000 con las propias plataformas para financiar la compra o reparación de motos y bicicletas, herramientas indispensables para trabajar. El trabajador informal no solo gana poco: en muchos casos, también debe.

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