viernes, julio 17, 2026
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Crisis citrícola en Entre Ríos: la fruta que se queda en la planta

La mandarina, esa fruta que aparece en casi todas las mesas argentinas, se está quedando en la planta. No por descuido ni por falta de mano de obra: se queda porque cosecharla sale más caro que lo que se cobra por ella. Eso es lo que está viviendo hoy el sector citrícola de Entre Ríos, la provincia que produce casi el 90% de las mandarinas y el 64% de las naranjas del país.

El panorama lo resume con crudeza Pablo Molo, presidente de la Federación de Citrus de Entre Ríos (Fecier): los productores están recibiendo entre $40 y $60 por kilo, con casos excepcionales que llegan a $120, mientras que el costo mínimo de producción ronda exactamente esos $120. Es decir, en el mejor de los casos, se trabaja en cero. En el peor, se pierde plata con cada cajón que sale al mercado.

“Tenemos un exceso de producción, a lo que se le suma el poco consumo interno por falta de poder adquisitivo. Eso va a quedar en planta, porque no conviene cosecharla”, dijo Molo. La frase es tan sencilla como brutal: la sobreproducción y la caída del poder de compra de los consumidores se combinaron para asfixiar a un sector que en la provincia involucra a cerca de 1.900 productores, en su mayoría pequeños, trabajando sobre 36.000 hectáreas concentradas principalmente en los departamentos de Federación y Concordia.

La variedad más golpeada es la mandarina criolla, que según Molo “era la vedette de los mercados en otras épocas” y hoy directamente no tiene comprador a precio rentable. La cosecha de mandarinas se extiende desde fines de marzo hasta octubre, así que las pérdidas se están contabilizando en tiempo real, con las cuadrillas paradas frente a plantas cargadas de fruta que nadie levanta.

Melania Zorzi, integrante de la Asociación de Citricultores de Concordia y ex presidenta de Fecier, agrega otra capa al problema: la industria juguera, que es el otro gran comprador de citrus dulce, también está en problemas porque el precio internacional del jugo concentrado cayó. O sea, ni el mercado fresco ni la industria absorben el volumen disponible a precios que cierren.

Zorzi advierte que, aunque algunos productores decidan no cosechar, el cultivo igualmente necesita atención: si la fruta queda en la planta, se compromete la floración de la próxima primavera y con ella la campaña del año que viene. Y si no hay ingresos este año, tampoco habrá plata para fertilizar ni podar. El círculo vicioso ya está en marcha.

Desde Fecier todavía no tienen una estimación precisa de qué porcentaje de la producción quedará sin cosechar, pero sí anticipan que la contratación de personal de campo va a mermar y que la inversión en la próxima campaña se verá resentida. Para un sector donde la mayoría son pequeños productores sin espalda financiera para aguantar una temporada en rojo, el horizonte, como lo definió el propio Molo, simplemente no se ve.

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