El reloj corre y el agua no perdona. Ante los pronósticos que anticipan el regreso de El Niño para los próximos meses, productores ganaderos de islas y campos inundables de Entre Ríos salieron a buscar tierras donde reubicar su hacienda antes de que sea demasiado tarde.
La cifra que maneja el sector es contundente: hay que encontrar lugar para más de 492.000 cabezas. No es un número menor. Es la magnitud de lo que está en juego si las lluvias se intensifican y los campos bajos quedan bajo el agua, como ya ocurrió en ciclos anteriores que dejaron pérdidas millonarias en la ganadería provincial.
La Federación Agraria Entre Ríos fue la que encendió la señal de alerta, advirtiendo sobre la urgencia de planificar el traslado con tiempo. Desde el sector, la postura es clara: no esperar a que el agua llegue a los cascos para recién moverse. “Más que preocuparnos, debemos ocuparnos”, sintetizó un productor, en una frase que resume la filosofía de quien ya vivió inundaciones y sabe lo que cuesta recuperarse.
El problema no es solo logístico. Conseguir campos de recría o engorde disponibles en la provincia no es sencillo, especialmente cuando la demanda se dispara al mismo tiempo para todos los productores de la zona. La presión sobre los campos altos crece, los precios de arrendamiento pueden trepar y el tiempo para negociar se acorta a medida que los pronósticos se confirman.
Entre Ríos tiene una geografía que la hace especialmente vulnerable a este fenómeno: la red de islas del delta, los bañados del Iberá limítrofes, los campos bajos del centro y el litoral fluvial generan una superficie productiva enorme pero frágil ante las crecidas. La ganadería isleña y de campos bajos es una actividad tradicional y económicamente relevante para cientos de familias rurales de la provincia.
La recomendación de los técnicos y de las propias entidades del campo es actuar antes de que el escenario se complique: relevar disponibilidad de campos, cerrar acuerdos de pastaje con anticipación y organizar el traslado de manera gradual. Esperar a último momento, con el agua ya subiendo, es la diferencia entre salvar la hacienda o perderla.


