La lluvia no caía. Los campos estaban mucho más amarillos que verdes, y la tierra prácticamente crujía en un pueblito rural judío de la estepa rusa, hace unos 150 años.
Allí, la gente creía que el clima tenía que ver con sus propias acciones y que solo el arrepentimiento y la oración podían dar vuelta ese veredicto divino. Decretaron un día de ayuno, desde el amanecer hasta el anochecer, para todo el pueblo, sin exenciones.
Cuando ya estaba atardeciendo y todos se dirigían a la sinagoga para concluir el ayuno, se dieron cuenta de que faltaba el rabino. Lo fueron a buscar a su casa, a pocas cuadras del templo, y le pidieron que viniera para la última oración.
El rabino, tranquilo, preguntó para qué tendría que ir. Al escuchar que necesitaban que volviera la lluvia, cerró el libro y les dijo: “¿Para qué voy a ir? Ustedes no tienen fe”.
La historia es una llave. La visita de un Papa no es solo un acto religioso, sino una pregunta incómoda sobre la fe, la política y el modo en que un país se mira. ¿Qué debería movernos cuando llega la máxima autoridad de la Iglesia católica?
Ahora León XIV pisará suelo argentino, y la tradición judía recomienda pronunciar una bendición frente a un sabio de la humanidad. En castellano, esa bendición reza: “Bendito seas, Dios nuestro, soberano del universo, que le has entregado de tu sabiduría al ser humano”.
Esa frase reconoce que la fuente de toda la sabiduría, en última instancia, proviene del Creador. También apunta a comprender que cada persona tiene algunas cuotas partes de esa sapiencia, y que habrá quienes reciban una gran porción.
El Papa también trae una mirada sobre los dilemas de la inteligencia artificial, especialmente a través de su encíclica Magnifica Humanitas. En esos párrafos, la historia bíblica de la Torre de Babel y la reconstrucción de Jerusalén vuelve a conectar con el presente.
No se trata solo de conceptos. Según los sabios judíos, la categoría más alta de la sabiduría reside en la capacidad de convertir a un enemigo en un amigo. Es una conciencia relacional, un saber y un saberse vincular.
Para Argentina, ahí tenés una tarea urgente. El país necesita estar muy atento a lo que viene, para no ser atropellado por una realidad tan masiva e intrusiva como nunca. Y, al mismo tiempo, necesita volver a amigarse para salir de esas grietas que solamente lo horadan y lo hacen cada vez menos gente.
La visita de León XIV llega en un contexto marcado por preguntas sobre inteligencia artificial, fe y convivencia. Queda por ver si el país logra leer ese mensaje más allá del acto religioso y lo convierte en una oportunidad para aprender a vincularse.


