Hay una pregunta que todavía no aparece en la etiqueta: ¿cómo vivió la gallina que puso ese huevo? En el Congreso de la Nación se presentó un proyecto de ley para obligar a etiquetar los huevos según el sistema de producción. La idea es simple y directa: que vos no tengas que adivinar.
La iniciativa fue impulsada por la diputada cordobesa Gabriela Estévez y elaborada junto a Sinergia Animal, una organización internacional dedicada al bienestar animal. El texto busca incorporar un sistema obligatorio de etiquetado para los huevos comercializados en Argentina, con el objetivo de informar de manera clara cómo fueron producidos.
Si prospera, cada envase deberá indicar de forma visible una de estas categorías: producción en jaula, libre de jaula en galpón o piso, campero o de libre pastoreo y orgánico. La información tendría que figurar en la cara principal del envase, de manera visible, legible e indeleble.
No alcanza con el envase. Según el texto presentado, toda publicidad vinculada a la comercialización de huevos debería informar el sistema de producción correspondiente. También se prohibiría usar imágenes o elementos gráficos que puedan inducir a error sobre las condiciones reales de cría. Es decir: no se puede mostrar animales al aire libre si el huevo viene de jaula.
La diputada Gabriela Estévez lo resumió así: “Cada persona que compra un alimento tiene derecho a saber cómo fue producido”. El argumento se apoya en el artículo 42 de la Constitución Nacional, que garantiza el derecho de los consumidores a recibir información adecuada y veraz.
Desde Sinergia Animal aclararon que el objetivo no es orientar las decisiones de compra, sino brindar más información para que cada consumidor elija con conocimiento. Citan un dato que pesa: Argentina podría alcanzar durante 2026 un promedio de 430 unidades por persona al año.
A eso se suma una encuesta de la organización impulsora: más del 78% de los argentinos desconoce que aproximadamente el 90% de la producción nacional se realiza mediante sistemas de jaulas. Ahí aparece el punto ciego: el huevo es un alimento cotidiano, pero su origen sigue siendo una caja negra para muchos compradores.
La historia no es nueva. En 2021 se presentó un proyecto similar que finalmente no avanzó. En aquella oportunidad, la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas planteó reparos y sostuvo que la actividad cumple con las normas sanitarias y de bienestar animal vigentes.
El nuevo proyecto establece un plazo de adecuación de 12 meses desde su reglamentación y aclara que no prohíbe ningún sistema de producción ni obliga a modificar los métodos de crianza actualmente utilizados. Su objetivo, según los impulsores, es exclusivamente garantizar que la información sobre el origen de los huevos esté disponible de manera clara para todos los consumidores.


