Vos que seguiste la política nacional lo sabés: en la Casa Rosada se tomó una decisión que no se parece al guion habitual: no pelearse con Patricia Bullrich. La orden quedó clara en la entrevista que Javier Milei concedió a Radio Rivadavia: “Hay que abrazar a Bullrich y no combatirla”.
El razonamiento es casi de aikido: aprovechar el envión de la senadora, sus críticas públicas y sus gestos de autonomía, para no perder el respaldo de un electorado que comparte el rumbo económico pero no termina de digerir las formas del Gobierno. El cálculo se sostuvo también en el silencio posterior al nuevo video que la senadora publicó en sus redes, jugando con la idea de un eventual Plan B.
Cerca del Presidente explican que, al menos hoy, le sirve tener a alguien con representación que hable a un sector que coincide en lo general, pero que tiene reparos frente a algunas decisiones y actitudes. “Al menos hoy sirve. Capaz el año que viene estemos en 45 puntos puros y eso cambie. Pero mientras tanto, ¿por qué pelearnos con alguien que retiene parte de un descontento?”, sostuvo un estrecho colaborador.
Detrás del cálculo asoma una admisión incómoda: el Gobierno atraviesa un momento de debilidad y no puede darse el lujo de perder más respaldos. Mucho menos exponerse a que se resienta el caudal de quienes acompañaron a Milei en el balotaje de 2023 después de haber votado por Bullrich en la primera vuelta.
En Balcarce 50 también sostienen que los matices de la senadora le suman al oficialismo. Pelearse con ella sería, en los hechos, arriesgar el vínculo con una parte del electorado antikirchnerista que todavía respalda el programa económico, pero tiene reparos frente a algunas decisiones y actitudes de Milei.
La lectura la refuerza Mora Jozami, de la consultora Casa Tres: “La movida de Patricia ayuda a Milei” porque incorpora matices “que sirven para ampliar el apoyo”. “Puede tender un puente para retener el voto prestado o ese electorado del PRO que está más al límite con algunas cuestiones de actitud de Milei”, explicó.
Por eso, según otro de los principales operadores oficialistas, el Presidente decidió quitarle dramatismo a que Bullrich haya renovado sus aspiraciones presidenciales antes de que alguien de su séquito saliera al cruce. “Es cierto que está preparada para ser Presidenta”, concedió. Y atribuyó las versiones sobre una eventual candidatura por fuera de La Libertad Avanza a una “elucubración del Círculo Rojo”.
Hay un detalle curioso: Milei les adjudica a esos sectores empresarios un “odio visceral” hacia su figura por los negocios que, según sostiene, les quitó. Pero al responsabilizarlos por las versiones sobre Bullrich, admite implícitamente que hay quienes ven en la senadora una alternativa para garantizar la continuidad, con “un mileísmo sin Milei”, pero sin salir perjudicados.
En Balcarce 50 refuerzan que “ya le ofreció ser su vicepresidenta, están totalmente alineados y la fantasía de que se va a presentar por su lado es solo el deseo de algunos propios y de empresarios”. En cambio, la posibilidad de una fórmula Milei-Bullrich ya circula en conversaciones reservadas.
La estrategia quedó clara: mientras la economía no aporte mejores noticias de cara al año electoral, la Casa Rosada prefiere sumar el gesto de Bullrich a la foto oficial. Así, el vínculo con la senadora se vuelve un tablero más de la política nacional, no un frente de choque.


