En Madrid, Javier Milei volvió a poner el 12 de octubre en el centro del debate: agradeció a España por, según su visión, haber traído la civilización occidental a América.
El discurso se dio en el Nueva Economía Fórum 2026, y no podés pasar por alto el detalle: el presidente describió la conquista del continente como una hazaña que, en su relato, dejó instituciones, conocimiento, religión, progreso e incorporación al mundo.
En el arranque de su exposición, Milei insistió en conectar América con una tradición que, según él, comienza en Grecia, atraviesa Jerusalén, funda Roma y se solidifica en Europa de la mano del cristianismo. Para el presidente, ese legado se apoya en el amor por los valores, el descubrimiento, las ideas y, fundamentalmente, la libertad en sus múltiples formas.
También describió esa herencia como un intento permanente de elevar al hombre por sobre las condiciones a las que la naturaleza lo somete, con conciencia del esfuerzo y la disciplina que eso implica. Es una visión que ordena la historia en torno a la libertad, aunque el relato vuelve a chocar con el reconocimiento de atropellos contra los pueblos originarios.
El dato no se puede esconder: la misma España ha reconocido numerosos atropellos contra los pueblos originarios. Por eso, hablar de civilización sin matices vuelve a abrir una herida vieja y te deja con una pregunta incómoda: ¿qué parte de esa historia se celebra?
Pocos días después del 12 de octubre, el Gobierno usó el nombre de Día de la Raza en lugar de Día del Respeto a la Diversidad Cultural. Ahí aparece el quiebre: no es solo una frase en Madrid, es una señal política que se repite en la agenda nacional.
Milei también repasó la historia: señaló que Hispanoamérica, bajo el liderazgo de San Martín, definió su destino y su independencia de la corona española. Además, recordó la llegada de españoles que escapaban de la guerra en el siglo XX y que España hizo lo mismo con los argentinos que se fueron del país por el «siniestro socialismo» del siglo XXI.
La frase de Milei no es un simple homenaje: es una manera de leer la historia desde el poder. Y, mientras en América se siguen discutiendo los orígenes de la república, el debate vuelve a la calle: ¿qué se celebra, qué se nombra y qué se elige no nombrar?
No es un tema menor para el Gobierno: el relato de la conquista aparece días después de que el Estado usara un nombre antiguo para la fecha. Esa elección no pasa desapercibida en un país donde la memoria de la colonización sigue siendo un campo de disputa, con el reconocimiento de atropellos como parte del debate.


