domingo, octubre 18, 2026
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El Paraná crece en Corrientes y aumenta la cantidad de evacuados

El río Paraná se acerca a los siete metros en Corrientes y la crecida ya no es un dato de pantalla: supera niveles de evacuación en varias localidades y aumenta la cantidad de evacuados. En el Litoral, la palabra que pesa es anegamiento, y en Chaco se mantienen alertas por posibles inundaciones.

El dato no se queda en la provincia vecina. En Entre Ríos continúa el seguimiento de los ríos Paraná y Uruguay, y el pronóstico anticipa nuevas precipitaciones. Eso cambia el escenario: no es solo el agua que ya está arriba, sino la posibilidad de que vuelva a llover sobre una cuenca que ya está tensa.

Cuando una crecida se mantiene cerca de niveles críticos, lo primero no es el susto: es la organización. Las autoridades monitorean caudales, alertas y evacuaciones, y la población necesita información clara, sin promesas de milagro ni alarmismo barato. Evacuar a tiempo puede ser la diferencia entre una inundación que daña y una que no cobra vidas.

El Litoral conoce esta historia. El río crece, baja, vuelve a crecer, y cada vez deja una lección amarga: la prevención no es un discurso, es una obra pública, un plan de evacuación, una comunicación que llegue a tiempo a los barrios más expuestos. La cuenca no espera a que se agoten los debates.

Por ahora, el mapa de la crecida muestra tres frentes: Corrientes, donde el Paraná se acerca a los siete metros; Chaco, con alertas por posibles anegamientos; y Entre Ríos, con seguimiento activo de los ríos Paraná y Uruguay. El pronóstico de nuevas precipitaciones obliga a seguir de cerca cada centímetro del caudal.

La pregunta incómoda es simple: ¿están listos los sistemas de alerta, los caminos de evacuación y los espacios de contención? No se trata de culpar a nadie, sino de exigir que la información llegue antes de que el agua entre en las casas. En una región donde el clima puede cambiar en horas, la anticipación es la única herramienta que no se inunda.

Hay que leer la situación con calma y con seriedad. El río no negocia, pero tampoco se puede vivir en pánico permanente. Lo que sí se puede hacer es seguir los caudales, respetar las indicaciones, cuidar a los más vulnerables y exigir que el Estado cumpla con su rol cuando el agua sube. La crecida del Litoral es un recordatorio: el agua no entiende de banderas, pero la organización puede salvar vidas.

Mientras el río sigue su curso, la atención debe mantenerse firme. No hay que inventar catástrofes, pero tampoco hay que dormir: el Litoral está en alerta y el agua, cuando llega, no avisa dos veces.

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