domingo, octubre 18, 2026
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“La curiosidad es parte del ADN”: Las Camelias cumplió 90 años

Hay empresas que nacen en un patio y terminan siendo columna vertebral de una provincia. Las Camelias cumplió 90 años este mes y su historia sigue teniendo el mismo olor a gallinero, a oficio y a apuesta familiar.

Raúl Marsó lo resume sin vueltas: “La curiosidad es parte del ADN”. Detrás de esa frase hay un origen modesto: 12 gallinas en el patio de una casa de Colonia San José, en 1936.

Ese arranque lo hicieron Don Enrique y Doña Lola, y hoy la tercera y cuarta generación sigue con las manos en las riendas. La firma, liderada por Raúl Marsó junto a su hermana Graciela, emplea a más de 1.850 personas de forma directa.

La estructura productiva no se quedó en el patio: hay plantas de faena en San Justo y San José, una fábrica de alimentos balanceados en Villaguay y una planta de incubación en Liebig. A eso se suma el salto al sector porcino con la adquisición de Porcomagro en Concepción del Uruguay.

El mercado interno no es el único destino. Sus productos llegan a 60 países, entre ellos Chile, Perú, Sudáfrica, Europa y Singapur. En paralelo, la red nacional se apoya en 14 puntos de venta directa distribuidos en todo el país.

Mirá la comparación: Henry Saglio en Estados Unidos hizo con una de las líneas genéticas más importantes del mundo lo que su abuelo hacía en San José. La comparación duele porque muestra lo que se frustró: selección, huevos, carne y una carrera que acá se cortó.

El negocio no nació con papeles: nació con huevo y carne. La tercera generación entendió que había que darle una vuelta más de rosca y avanzó en la comercialización de aves evisceradas a otra escala. La generación que viene ya mira la expansión comercial y cómo llegar mejor al cliente.

En la familia, la palabra que más pesa es confianza. No es un eslogan: es el pegamento entre socios, hermanos, primos y sobrinos, y también la base de la relación con el cliente. Sin eso, nueve décadas se vuelven una historia de sobremesa.

Marsó no romantiza el presente: hay desafíos macroeconómicos, condicionantes de infraestructura provincial y temas sanitarios. Su lectura es clara: hay que agregar valor en el mercado interno y sostener la confianza como valor innegociable.

La receta que repite no suena a pizarra: “criás, producís, registrás, seleccionás, evaluás cómo lo estás haciendo y, en base a eso, seguís creciendo”. También insiste en un punto que en los negocios pesa más que cualquier eslogan: ser creíbles.

Hoy, Las Camelias no es solo una empresa familiar: es una referencia de la cadena avícola de Entre Ríos. La vara se levanta en un contexto donde la regla no es crecer despacio, sino competir o quedar en el camino.

Con 90 años, Las Camelias mantiene una estructura productiva en Entre Ríos, más de 1.850 personas de forma directa y productos que llegan a 60 países.

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