El sábado 17 de octubre dejó una imagen difícil de sostener: París pasó de la marcha pacífica al escenario de guerra. Durante más de tres horas, grupos de Black Blocs y casseurs se enfrentaron a la Policía antidisturbios, robaron y quemaron un restaurante McDonald’s, un camión y autos.
La escena no era una protesta más: había gas lacrimógeno, granadas y mobiliario destruido. La Policía nunca pudo desalojar a los Black Blocs de la Plaza de la República, y el saldo fue de al menos 272 detenidos. Una granada le mutiló una mano a un joven, que está en grave estado en St Etienne.
Mientras tanto, estudiantes, padres, sindicatos y políticos marcharon calmadamente y terminaron en la plaza de Clichy, en un clima de fiesta. Jean Luc Melenchon encabezaba la marcha, y la CGT sostiene que 500.000 personas participaron en la manifestación. El reclamo era contra la vida cara, la destrucción de la estructura educativa, el ausentismo de los profesores, la falta de baños y la imposibilidad de dar exámenes exigentes en la universidad con esa formación.
La violencia de una minoría descredibilizó la movilización. Según la Policía, varias marchas no autorizadas intentaban converger hacia los centros de poder en París, y los violentos se instalaron en la Plaza de la Concorde con la intención de avanzar sobre la Asamblea Nacional, sede de la Cámara de Diputados. El objetivo era atacar los símbolos de la república y robar negocios en las grandes ciudades.
El mapa del saqueo se extendió más allá de la capital: en Marsella y Lille se destruyeron y robaron dos alcaldías, además de guarderías infantiles. En Bordeaux destrozaron y robaron la residencia del prefecto, y en Lyon quemaron la oficina de turismo, un edificio histórico y patrimonial, mientras los bomberos no podían acercarse. La imagen de Marianne rota en la alcaldía de Marsella muestra el tenor de los que roban.
La diputada ecologista Sandrine Rousseau quedó atrapada en un cerco policial en la Plaza de la República y denunció un uso desproporcionado de la fuerza. «Lo que he vivido en París no lo había vivido nunca», explicó, y se dirigió al ministro del Interior: «Pido calma a los agentes. Que Laurent Nuñez calme a sus policías». La CRS 8 fue desplegada de urgencia en la zona de Châtelet, y el gobierno enfrenta una escalada inédita en plena campaña electoral.
La escalada ocurre en plena campaña electoral en Francia, cuando los Chalecos Amarillos regresan a la calle por primera vez. El gobierno enfrenta un problema de seguridad y una señal de alarma: la protesta pacífica quedó mezclada con el saqueo, y la pregunta que queda en el aire es si la República puede sostener ese límite sin perder el control.


