“No queremos gobiernos que ordenen los números si les cierran oportunidades a la gente.” La frase de Marcelo Cresto no cae en el vacío: viene de un año y medio de encuentros por Concordia, con vecinos, comerciantes, trabajadores, profesionales, emprendedores e instituciones.
Según Cresto, ese contacto directo le permitió ver de cerca las dificultades de distintos sectores, pero también el potencial de la ciudad para generar empleo y mejorar las condiciones de vida. Su planteo es político: construir una alternativa de gobierno en los ámbitos nacional, provincial y local que ponga el bienestar de las personas en el centro.
“Nos movilizan nuestras convicciones políticas, pero sobre todo lo humano. Nos duele ver familias que pasan hambre, trabajadores que pierden sus empleos, jubilados que no pueden acceder a sus medicamentos, chicos que no tienen posibilidades de practicar deportes y jóvenes que sienten que deben abandonar Concordia para encontrar un futuro”, expresó.
Cresto reivindicó las banderas históricas del peronismo y, en particular, la justicia social como principio que debe traducirse en derechos efectivos y oportunidades concretas. Ahí aparece el punto más áspero de su discurso: los números importan, pero no pueden estar por encima de las personas.
A su entender, existe una preocupación excesiva por mostrar cuentas ordenadas mientras se profundizan las dificultades económicas y sociales. “De nada sirve mostrar cuentas ordenadas si detrás hay familias que no llegan a fin de mes, comercios que cierran, trabajadores que pierden sus ingresos y chicos que ven limitadas sus oportunidades”, afirmó.
También cuestionó el papel del Estado en salud, educación y asistencia social: según su mirada, se reducen responsabilidades públicas mientras se mantiene una elevada presión tributaria sobre quienes trabajan, producen e invierten. Añadió una crítica fuerte: hay una contradicción entre las dificultades de trabajadores, comerciantes, profesionales, pequeños empresarios y productores, y el vínculo que “mantienen los gobiernos con los grandes capitales”.
En esa línea, Cresto cuestionó el alineamiento del Gobierno nacional con los intereses de Estados Unidos. Frente a ese escenario, propone recuperar un Estado con capacidad de gestión que no sustituya al sector privado, sino que genere condiciones para la inversión, la producción y la creación de empleo.
Entre las herramientas que plantea están el acceso al financiamiento, el fortalecimiento del Parque Industrial, el acompañamiento a emprendedores, el impulso al turismo y la promoción de nuevas actividades productivas. No es una receta cerrada: es un marco para que la ciudad deje de depender de lo estacional.
Para Cresto, uno de los desafíos centrales de Concordia es transformar su matriz productiva y reducir la dependencia de las actividades estacionales. La apuesta es generar empleo durante todo el año, vincular la educación con las necesidades del sector productivo y promover industrias que agreguen valor a los recursos locales.
“No alcanza con administrar lo que tenemos. Necesitamos animarnos a transformar Concordia, generar riqueza, distribuir oportunidades y construir una ciudad que contenga a nuestros hijos en lugar de expulsarlos”, señaló.
El cierre de su planteo pasa por articular el trabajo del Estado con los sectores empresarios, comerciales y productivos, además de las instituciones educativas y las organizaciones sociales. La idea no es una foto: es una disputa por el rumbo de Concordia, donde la generación de empleo, la diversificación económica y la inclusión quedan en el centro.


