En Barracas, Buenos Aires, Justo Fernando Barrientos declaró ante el tribunal que lo juzga por la muerte de tres mujeres en mayo de 2024. El caso se conoce como triple lesbicidio.
Ante el incendio, dijo que no recuerda lo sucedido y negó haberlo provocado. También soltó una frase que quedó en el aire: “Nunca discriminé a nadie”. Esa mezcla de olvido y negación es lo que ahora deberá pesar el tribunal.
La querella cuestionó esa versión. Sostuvo que las pruebas lo comprometen. Ahí se marca la distancia: para la acusación, el relato del imputado no alcanza para explicar la muerte de tres mujeres.
El dato no es menor: se habla de un triple lesbicidio. Tres mujeres murieron en mayo de 2024, y el debate judicial se centra en el incendio y en la responsabilidad del acusado. No es un caso más: es una causa con una palabra que todavía pesa en Buenos Aires.
La memoria se vuelve aquí un punto clave. Decir “no recuerdo” no es neutro: puede ser una estrategia, una grieta o una verdad. El tribunal va a tener que decidir cuánto peso tiene esa versión frente a lo que la querella considera pruebas.
La negación también tiene un efecto. Al decir que nunca discriminó a nadie, el acusado intenta alejar cualquier lectura discriminatoria. Pero el triple lesbicidio ya instaló una pregunta incómoda: ¿qué pasó realmente en ese incendio?
El caso sigue abierto. La justicia deberá ordenar lo que la declaración dejó en suspenso. Y la sociedad, por ahora, espera una respuesta que no puede quedarse en la memoria.
La declaración no resuelve todo. Solo muestra una de las versiones: la del acusado. La otra, la de la querella, insiste en que los elementos reunidos apuntan a una responsabilidad concreta. Ahí está el cruce: palabra contra pruebas, olvido contra hechos.
Tampoco hay que perder de vista el contexto: se trata de un triple lesbicidio. No es un incendio cualquiera, ni una muerte aislada. Son tres mujeres, una fecha y una causa que sigue exigiendo una explicación clara.
La justicia no puede quedarse con la duda. Deberá evaluar la declaración, la querella y todo lo que la causa ya contiene. Mientras tanto, la pregunta sigue en la calle: ¿qué va a pesar más, la memoria o las pruebas?
El caso de Barracas no se cierra con una frase. La justicia tendrá que ordenar los hechos. Y la sociedad espera que la respuesta no quede en la memoria.


