jueves, octubre 15, 2026
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Las tierras ajenas: la apropiación que fundó el poder rural en Argentina

La historia de las tierras en Argentina no se entiende sin una pregunta incómoda: ¿cómo se concentraron millones de hectáreas en pocas manos? Desde la Colonia hasta el siglo XIX, la apropiación de suelo público, la violencia y la exclusión marcaron el destino de amplias capas de la población.

Un caso emblemático es el del general Julio A. Roca, quien en 1881 recibió del Gobierno de la provincia de Buenos Aires un campo de 46.000 hectáreas, ubicadas en el actual partido de Daireaux. Esa entrega se inscribe en un proceso más amplio de traspaso de tierras públicas a manos privadas y poderosas.

La apropiación no fue un hecho aislado. Hubo ocupación directa, ventas fiscales a precios irrisorios y, en muchos casos, una forma de enriquecimiento que la propia historia juzga como robo. La llamada acumulación originaria separó a los productores de los medios de producción, con consecuencias que aún pesan.

En la pampa, ese proceso incluyó la expulsión o el aniquilamiento de poblaciones originarias, la Conquista del Desierto y la eliminación del gaucho. En Gran Bretaña, la separación de campesinos y tierras heredadas del feudalismo tuvo un recorrido similar, aunque con formas distintas.

La concentración rural tiene raíces coloniales. Jerónimo Luis de Cabrera, en el siglo XVI, poseía una estancia en Córdoba con una superficie similar a la actual Bélgica. Luego vinieron donaciones del Cabildo de Buenos Aires y concesiones de la Corona a particulares.

Con Rosas, el desalojo y la concentración ganaron impulso. Los Anchorena y otros estancieros acumularon extensas propiedades, y la riqueza se medía por cabezas de ganado. Hasta 1890, la tierra se valorizó enormemente y las familias poderosas se distinguían por las leguas que poseían.

El poder rural se proyectó en los salones del Jockey Club, donde se discutían futuros gobernantes, con el diario La Nación como doctrina de los Mitre. Entre fines de la década de 1870 y 1890, el Estado anexó 34 millones de hectáreas de nuevas tierras, producto de las campañas.

La propiedad de la tierra supone el monopolio de ciertas personas sobre porciones del planeta, con exclusión de los demás. Esa idea, presente en la reflexión de Marx, obliga a mirar con lupa cómo se construyó el poder rural en Argentina.

¿Qué pasó con quienes fueron desplazados? La historia de las tierras no es un capítulo cerrado, sino una herencia que explica parte del presente argentino y de las desigualdades que todavía se sienten.

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