La megasesión en la Cámara de Diputados terminó antes de empezar: la oposición llegó con 121 legisladores y le faltaron ocho para abrir el recinto.
El DNU 70/23 de Javier Milei sobrevivió a la primera gran embestida del bloque crítico, y el oficialismo respiró con la noticia.
El dato duro es simple: sin quórum no hay sesión, y sin sesión no hay rechazo. La convocatoria incluía la prórroga de emergencia en discapacidad y un proyecto para abordar la morosidad y el endeudamiento familiar.
La cuenta no fue difícil de hacer: 121 avales, ocho menos que el mínimo. En una sesión de rechazo, ese margen no es un detalle menor: es la diferencia entre abrir el recinto y quedarse con la foto de la derrota.
El quiebre no fue numérico, fue político. Las ausencias de diputados vinculados a gobernadores pesaron como una losa sobre la oposición, y el bloque crítico quedó expuesto ante la presión de los mandatarios.
Entre los que no bajaron al recinto figuran los tres legisladores de Independencia que responden a Osvaldo Jaldo, y los integrantes de Provincias Unidas Gisela Scaglia y José Núñez, cercanos al gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro.
Tampoco bajaron Sergio Capozzi, por Río Negro; Lourdes Arrieta, por Mendoza; Alejandra Torres, por Córdoba; Jorge Ávila, por Chubut; y los radicales Jorge Rizotti e Inés Zingarán, que responden al gobernador jujeño Carlos Sadir, todos del bloque de Provincias Unidas.
El caso de Zingarán expone la grieta: la diputada había firmado la convocatoria, pero se ausentó sin previo aviso. Su decisión no cayó bien en el bloque que conduce Scaglia.
Sadir, por su parte, hace gala de buena sintonía con la Casa Rosada y participó del Argentina Week en París, junto a otros 12 mandatarios provinciales.
Del otro lado, los que ocuparon sus bancas fueron 90 diputados de Unión por la Patria, 10 de Provincias Unidas, tres de Elijo Catamarca, cinco de Argentina Federal (tres misioneros y dos salteños), dos de Encuentro Federal y otros dos del espacio de San Luis.
Hasta el último minuto, el tablero se movió con el toma y daca entre el Ejecutivo y las provincias. Referentes de UP y Provincias Unidas pusieron la lupa sobre un anuncio del Gobierno para convocar a empresas mineras y operadores logísticos.
El objetivo era mejorar el funcionamiento del Belgrano Cargas en Salta y atraer inversiones privadas para reactivar sus ramales ferroviarios.
El apoyo de los legisladores del norte y del centro fue clave para el Gobierno. Con esos avales, la Casa Rosada consiguió un respiro político justo cuando el oficialismo necesita avanzar en la suspensión de las PASO y en el Presupuesto 2027.
El dato no menor: los legisladores que faltaron no eran una cola de nombres. Eran piezas de un tablero más grande, donde la relación con los gobernadores pesa más que la línea de bloque y el quórum se decide en las provincias.
Para la oposición, la derrota deja una lección incómoda: necesita construir un frente más duro, menos permeable a las presiones de las provincias. Si no, cada DNU se convierte en una prueba de fuerza que el oficialismo puede ganar por ausencia.
El Gobierno, en tanto, no necesitó hacer mucho: bastó con que los avales no lleguen. La política, a veces, se juega en la banca vacía.


