Molo no disimuló la bronca: el responsable de la FECIER pidió una autocrítica al sector citrícola y apuntó contra la pasividad de productores que, en otras épocas, salían a la ruta a protestar.
El planteo no cayó en el vacío: cuando lo consultaron por la quietud del sector, Molo recordó que en 2015 los citricultores iban a la rotonda de Chajarí para protestar, con más de un centenar de camionetas y vehículos, y tiraban miles de kilos de fruta a la banquina. La escena, con olor a fruta podrida, terminó levantada por una feroz interna. La historia que justificaba la protesta era la caída de las exportaciones, la sobreproducción y un mercado interno con más competidores.
El malestar, hoy, está contenido. Molo sostiene que cuando los dirigentes intentan meterse en un partido político pasa esto, y remata: «Para ser dirigentes de una institución hay que ser libres y no estar atados a ningún partido». El productor subraya que no está afiliado a ningún partido y que solo defiende la citricultura.
El dato duro es la rentabilidad: Molo describe un año atípico y muy lejos del costo de producción. Un bin citrícola, un cajón o contenedor grande de plástico o madera diseñado para cosecha, transporte y almacenamiento de cítricos, con unos 320 a 330 kilos de fruta, para industria se vende en planta entre $10.000 y $12.000, cuando el costo de producción ronda los $50.000 o $55.000. Para mercado interno, un bin de naranja ronda los $25.000, apenas la mitad de lo necesario para sostener la actividad.
El panorama no es para bajar la guardia: «Estamos con un panorama bastante oscuro. Es un callejón sin salida porque no vemos a corto o mediano plazo una solución a esto», remarcó Molo. La sobreproducción para mercado interno y el bolsillo del consumidor, que no escapa a la realidad del país, empujan al consumo interno de cítricos dulces a una caída notable. La dirigencia de la FECIER ve al mercado doméstico deprimido y apenas absorbe una fracción del volumen habitual.
Los costos también pesan: la energía eléctrica y el combustible no dan respiro. Molo señaló que un litro de gasoil ronda los $2000, «equivale a un dólar y pico», y remató: «Es una locura y no podemos competir con nadie». Ese insumo mueve tractores para pulverización, desmalezado y poda; transporta bines desde los lotes hasta los galpones de empaque y sostiene el flete terrestre hacia grandes centros de consumo, como el Mercado Central de Buenos Aires.
El pedido de autocrítica se suma a un escenario donde la citricultura enfrenta costos altos, consumo interno débil y una rentabilidad que, según Molo, está muy lejos del costo de producción.


