martes, octubre 13, 2026
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El giro en el juicio de Maradona: el abogado de Jana pidió absolver al psicólogo

El juicio por la muerte de Diego Maradona volvió a entrar en la recta final con los alegatos de las partes. En la jornada del 13 de octubre, tomaron la palabra los abogados Mario Baudry y Félix Linfante, que representan a Dieguito Fernando y Jana, los hijos menores del Diez. Cada letrado dispuso de un máximo de dos horas para cerrar su discurso.

Antes que ellos, los fiscales Patricio Ferrari y Cosme Iribarren ratificaron su teoría del caso y pidieron penas para los principales acusados. Solicitaron 12 años de prisión para el neurocirujano Leopoldo Luque, 10 para la coordinadora de la prepaga Nancy Forlini y 8 para la psiquiatra Agustina Cosachov. Todos por homicidio simple con dolo eventual.

También acusaron de homicidio culposo al psicólogo Carlos Díaz, al enfermero Ricardo Almirón y a su jefe, Mariano Perroni. Para el primero pidieron 5 años de cárcel y para los otros dos, 4. El médico clínico Pedro Di Spagna fue el único al que la fiscalía decidió no presentar cargos: “Fue el único que hizo todo bien, vamos a pedir su absolución”.

La jornada se transmitirá por YouTube, igual que la del miércoles, cuando los abogados Pablo Jurado y Fernando Burlando cerrarán los alegatos de las querellas. Acá, vos entendés que el clima es de cierre: cada palabra pesa, cada silencio también, y la familia busca que la sentencia no quede en el aire.

El punto más fuerte del día fue el pedido del abogado de Jana Maradona: solicitó la absolución del psicólogo Carlos Díaz. En un juicio donde se reparten responsabilidades como si fueran sillas en una mesa, ese gesto no es menor: muestra que la querella también marca diferencias dentro de la propia acusación.

El letrado dejó para el final a Agustina Cosachov y a Leopoldo Luque. Sobre la psiquiatra, dijo que sabía que el corazón de Maradona estaba enfermo y que el edema estaba ocurriendo: “No fue solo una acción, fueron decisiones. Decidió que el paciente fuera a una casa y no a un centro, decidió quién lo acompañaba, decidió qué remedio no tomaba y decidió que el clínico no fuera”.

Frente a Luque, la acusación fue directa: “A Luque le reprochamos no haber hecho lo que su deber indicaba para ayudarlo. Y ese deber no cambia por la actitud del paciente. Él sabía que su corazón estaba enfermo, que podía morir, y que su cuerpo se llenaba de agua”. Añadió: “Las conductas lo hacen responsable como autor del delito de homicidio simple con dolo eventual”.

La exposición contra Nancy Forlini fue de las más duras. El representante de Jana sostuvo: “Ella era garante. Quien asume el cuidado de un paciente es el garante de su vida”. Repitió, con fuerza, que “Sus omisiones causaron la muerte” y que “Diego estuvo 12 horas muriendo sin control”.

Y cerró con una frase que quedó en el aire: “Swiss medical tenía médicos, estudios, equipos y cama, Forlini tenía la llave y decidió no usarla. Para ella la muerte de Diego fue un desenlace esperable. Para esta parte eso es un homicidio”. Acá no se trata de gritar: se trata de explicar por qué una decisión de cuidado puede convertirse en una cadena de consecuencias.

Sobre Mariano Perroni, coordinador de enfermeros, el abogado habló de culpa consciente y solicitó que se le ponga su condena por homicidio culposo por omisión de los deberes. Con Ricardo Almirón, el reproche fue distinto: no le imputó diagnosticar, sino no controlar, no decir la verdad y no avisar ninguna orden. En este tipo de causas, cada omisión tiene nombre, apellido y responsabilidad.

El juicio sigue su curso con la certeza de que la sentencia no va a cerrar el dolor, pero sí puede marcar un antes y un después en la responsabilidad médica. Por ahora, la pelota está en el terreno de la Justicia: con nombres, cargos, omisiones y una familia que todavía espera que la verdad no se diluya en el ruido.

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