En el Día de la Diversidad Cultural, la comunidad charrúa Etriek de Villaguay reafirmó su compromiso con la memoria de sus antepasados. La memoria, cuando se sostiene, también es presente. No es una frase de manual: es una señal de que la identidad no se conserva en un museo, sino en el presente.
El dato que pesa es el tiempo: 24 años del Fogón de la Memoria. Cuatro décadas? no, 24 años no son cuatro décadas. No es una foto de archivo ni un homenaje de un día; es continuidad. Y en una región donde la historia indígena todavía pelea por su lugar en la conversación pública, sostener esa memoria durante más de dos décadas es una apuesta firme.
Que la comunidad charrúa Etriek sostenga 24 años de memoria no es un dato menor. Exige constancia, organización y voluntad. Exige, sobre todo, no dejar que el tiempo convierta a los pueblos en una nota al pie de la historia.
Héctor Senaqué Santomil subrayó la recuperación de la identidad indígena y la defensa de los derechos de los pueblos. Ahí está el núcleo: no se trata solo de recordar, sino de reclamar un lugar. La memoria, cuando se vuelve política, deja de ser nostalgia y se convierte en herramienta.
La identidad indígena no se recupera con una frase. Se recupera con presencia, con palabra, con memoria transmitida. Y cuando esa memoria se pone en el centro de la conversación, deja de ser un tema de nicho para convertirse en parte del debate público sobre los pueblos.
¿Qué significa eso para Villaguay? Significa que la comunidad charrúa Etriek no se queda en el pasado. Significa que la diversidad cultural no es un adorno para un calendario, sino una forma de entender la ciudad. Y cuando una comunidad lleva décadas trabajando sobre su memoria, vos tenés que mirar de frente.
El Día de la Diversidad Cultural no puede ser solo un recordatorio de calendario. Tiene que ser una oportunidad para mirar de frente lo que somos. Y si una comunidad como la Etriek lleva décadas trabajando sobre su memoria, vos tenés que aprender de esa constancia.
El cierre no puede ser otro que una advertencia: la memoria indígena no es un tema de temporada. Si se abandona, se borra. Si se sostiene, como lo hace la comunidad charrúa Etriek con sus 24 años, deja un registro que ninguna política de olvido puede borrar. Y eso, en tiempos de olvido, vale oro.


