La palabra que rondaba en las escuelas era una sola: incertidumbre. En el Consejo General de Educación, el CGE y Agmer sentaron las bases para ordenar el camino de la Educación Secundaria de Jóvenes y Adultos. El encuentro reunió a vocales, Secretaría General, referentes de la DEJA y la representación gremial, con un objetivo claro: repasar los avances y responder al sector trabajador.
«Cada paso que se llevó adelante ha sido coordinado y trabajado con Agmer», sostuvo Alfredo Blochinger, director de la DEJA. El director recordó que la transformación curricular responde a una línea federal iniciada en 2024 para adoptar un diseño modular. Este año, además, se avanzó en la contratación de contenidistas para la formación básica, lo que marca el arranque de la construcción pedagógica.
La preocupación era concreta: continuidad laboral. El vocal Gustavo Blanc habló de la necesidad de resguardar todas las horas cátedra y cargos, y de asegurar que el proceso tenga participación efectiva de las bases docentes. No fue una promesa de palabra suelta: el CGE fijó premisas estrictas para que la transformación no se convierta en un riesgo para quien está en la escuela.
Desde el equipo técnico, Maricel Facendini llevó tranquilidad a las instituciones. Aclaró que, por ahora, no se ha modificado la caja curricular, por lo que no existen definiciones que alteren la estructura horaria vigente ni los puestos de trabajo. En un sector donde el rumor puede correr más rápido que la norma, esa precisión pesa como un ancla.
El otro frente fue el de la comunicación. Los participantes coincidieron en la urgencia de desarticular la circulación de información fragmentada que genera incertidumbre en las escuelas. Para eso, acordaron una hoja de ruta con comunicación unificada y mesas de diálogo extendidas para supervisores, directivos, asesores pedagógicos y docentes. La idea es que la palabra oficial no te llegue rota, de boca en boca, ni con versiones sueltas.
La DEJA también presentó una agenda de trabajo para debatir y enriquecer el proyecto en territorio, con todos los actores de la modalidad. A eso se sumó un monitoreo normativo que busca ordenar el proceso y evitar que cada escuela quede sola interpretando señales. En una transformación curricular, el mapa no alcanza: hace falta que cada actor sepa por dónde anda.
El acuerdo no cierra la discusión, pero la ordena. Quedó claro que la estabilidad laboral docente no puede quedar en el camino de la transformación curricular. La próxima etapa será poner en práctica la hoja de ruta, con diálogo sostenido y reglas claras. Si algo deja esta reunión es que, en educación, la palabra también te sirve como herramienta de gestión.


