domingo, octubre 11, 2026
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Sismo de 5,1 en Quilca, Arequipa: alerta amarilla en Perú

El sur de Perú sintió un sismo de magnitud 5,1 la mañana del domingo 11 de octubre. El movimiento se registró en Quilca, provincia de Camaná, departamento de Arequipa, y activó una alerta de color amarillo. La información fue confirmada por el Centro Sismológico Nacional del Instituto Geofísico de Perú.

El temblor comenzó a las 08:43, hora local, y su epicentro quedó a 16 kilómetros al suroeste de Camaná. La profundidad fue de 47 kilómetros, con coordenadas de -16,78 y -72,56 grados. Ese nivel de energía explica por qué la Red Sísmica Nacional lo ubicó dentro del rango de alerta amarilla.

En la escala de colores, los sismos menores a 4,4 quedan en verde; los que van de 4,5 a 6,0 reciben color amarillo; y los mayores a 6,1 pasan al rojo. El movimiento de Arequipa no llegó al tramo más crítico, pero sí alcanzó una fuerza suficiente como para quedar dentro del rango de alerta.

El CENSIS del IGP trabaja con datos de la Red Sísmica Nacional, una malla de sensores de velocidad, aceleración y desplazamiento distribuidos en todo el país. Esa instrumentación permite medir, comparar y ubicar el movimiento. No es un dato menor: sabés que en sismología cada segundo y cada kilómetro cuentan.

La intensidad también se explica con escalas: del I al IV se habla de movimientos no sentidos, débiles o ligeros, sin daño. Del V al VI se pasa a moderado o fuerte, con muy poco daño o poco daño. Del VII en adelante se entra en terreno de muy fuerte, severo, violento o extremo, con daños que pueden escalar.

Perú está instalado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una zona que concentra el 75% de los volcanes del mundo y cerca del 80% de los movimientos telúricos más fuertes. El Anillo de Fuego se extiende por 40 mil kilómetros, tiene forma de herradura y reúne 452 volcanes, incluidos supervolcanes de nivel VEI-8.

El Anillo de Fuego recorre el oeste de Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, México, Estados Unidos y Canadá, para luego doblar hacia las Islas Aleutianas y bajar por Rusia, Japón, Taiwán, Filipinas, Indonesia, Malasia, Timor Oriental, Brunéi, Singapur, Papúa Nueva Guinea, Islas Salomón, Tonga, Tuvalu y Nueva Zelanda. Es una cicatriz geológica que atraviesa continentes y obliga a pensar en riesgo más allá de las fronteras.

La causa tectónica no es menor: la placa sudamericana choca con la placa de Nazca, y esa fricción acumula tensión que se descarga en terremotos. Por eso, en el oeste de Sudamérica, los sismos no son una rareza: son parte del paisaje geológico que obliga a estar siempre atentos.

La memoria del país guarda un antes y un después: el 31 de mayo de 1970, un sismo de magnitud 7,9 sacudió Áncash y un aluvión sepultó a Santo Domingo de Yungay. Las víctimas mortales se estimaron en 67.000 y los heridos en 150.000, una catástrofe que impulsó la creación del Instituto Nacional de Defensa Civil en 1972.

El episodio de este domingo no tiene la gravedad de aquel 1970, pero sirve como recordatorio: cuando la Tierra se mueve, la distancia entre una alerta amarilla y una tragedia depende de la preparación, la infraestructura y la capacidad de respuesta. En un país que convive con el fuego y el temblor, cada sismo deja una pregunta abierta sobre qué tan listos estamos.

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