sábado, octubre 10, 2026
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Creciente en Concordia: siete familias evacuadas por el río Uruguay

El agua subió y la ciudad empezó a moverse con otra lógica: la creciente del río Uruguay dejó siete familias evacuadas en Concordia. La señal es clara: el río ya no es un dato lejano, está tocando la vida cotidiana. Cuando el agua sube, no avisa con elegancia: llega, se instala y obliga a decidir rápido.

El municipio confirmó que cuatro familias fueron trasladadas al centro de evacuados del ex Bagley, donde quedaron alojados 12 adultos y 10 menores. Las otras tres familias fueron reubicadas en viviendas de familiares, una solución que aliviana el operativo pero no borra la preocupación de la gente. Detrás de cada número hay una familia que tuvo que moverse.

La crecida también dejó marca en el paisaje urbano: sectores de las avenidas del Río y Maipú quedaron bajo agua y las instalaciones del Club Pesca resultaron afectadas. No es una imagen menor: son calles, clubes y familias que sienten el golpe del agua en carne propia. En una ciudad que convive con el río, cada centímetro cuenta y cada sector inundado obliga a repensar el paso a paso.

El dato técnico también pesa. Salto Grande informó que el nivel del río no superaría los 11,90 metros hasta el domingo a las 15. Mientras tanto, la ciudad tiene que moverse con pies plomo, porque una crecida no se mide solo en metros, sino en decisiones de cada vecino. El pronóstico da un margen, pero no quita la responsabilidad de estar atentos.

Desde el municipio pidieron a los vecinos mantenerse informados a través de los canales oficiales de la Municipalidad de Concordia y de la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande. También recordaron que conviene no circular por sectores afectados por la creciente y, si tenés que moverte, respetá la señalización del personal que trabaja en las zonas comprometidas. No es un pedido formal: es la diferencia entre cruzar un sector seguro y meterse donde el agua puede cambiar el rumbo de un día.

La recomendación tiene sentido práctico: evitar arrojar residuos en desagües, arroyos, alcantarillas, cunetas y reservorios, mantener limpias rejillas, canaletas y desagües domiciliarios y respetar los horarios para sacar la basura, especialmente cuando se pronostican lluvias. No es un detalle menor: cuando el agua sube, cada obstrucción cuenta y cada descuidado puede convertir una calle en un problema. La ciudad funciona cuando el agua encuentra salida, no cuando se topa con basura.

El municipio insistió en que la colaboración de toda la comunidad sirve para prevenir anegamientos, reducir riesgos y afrontar de manera conjunta las consecuencias de la creciente. En una ciudad que mira el río todos los días, la pregunta no es si el agua llega, sino si está preparada para recibirla sin desbocarse. La crecida es un hecho, pero la respuesta de la comunidad puede marcar la diferencia.

Por ahora, el dato concreto sigue siendo el mismo: siete familias evacuadas, sectores de las avenidas del Río y Maipú bajo agua y el nivel del río observado de cerca. La ciudad tiene que seguir atenta, con la información al día y con los cuidados que piden las autoridades. La crecida no se negocia: se acompaña, se previene y se atraviesa con la cabeza fría.

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