El terremoto que sacudió la costa del Pacífico sur de Panamá dejó familias afectadas y una tarea urgente: encontrar dónde recibir a las personas damnificadas. Ahora, el debate se instaló en un punto concreto: abrir escuelas y canchas como refugios temporales.
El dirigente Anel Bolo Flores pidió que Meduca y Pandeportes, el Instituto Panameño de Deportes, evalúen poner sus instalaciones a disposición de las familias afectadas. No fue una orden: fue un llamado a que el Estado use sus propios espacios para asistir a quienes más lo necesitan.
“Exhorto al Meduca y a Pandeportes a habilitar sus instalaciones como espacios de apoyo y centros de acopio para asistir a las familias afectadas”, expresó en redes. Y remató: “Es momento de unir esfuerzos y poner al Estado al servicio de quienes más lo necesitan”.
La idea es que escuelas, gimnasios y otras infraestructuras públicas reciban a personas damnificadas si las autoridades lo consideran necesario. También servirían para recibir, organizar y distribuir donaciones hacia las comunidades con mayores necesidades.
El sismo se registró a las 12:56 hora local del 9 de octubre y se sintió en gran parte del país, incluida la Ciudad de Panamá, y en zonas de la vecina Costa Rica. Las autoridades iniciaron evaluaciones para determinar los daños y las consecuencias en las áreas cercanas al epicentro.
El Ministerio de Educación de Panamá informó que al menos 419 centros educativos resultaron afectados por el sismo. Su titular, Ventura Vega Osorio, dispuso la suspensión de las clases durante el fin de semana para realizar inspecciones estructurales antes de definir las condiciones para un regreso seguro a las aulas.
Aquí aparece la tensión: las mismas escuelas que pueden necesitar reparaciones podrían convertirse en puntos de apoyo para las familias. No es una contradicción menor. Si un edificio no pasa las inspecciones, no sirve para resguardar a nadie; pero si está firme, puede funcionar como un punto de asistencia mientras avanzan los relevamientos.
Unicef manifestó su solidaridad con niños, adolescentes y familias afectados por el terremoto. El organismo indicó que aún era prematuro determinar la dimensión de los daños, aunque expresó preocupación por la situación de la población que vive en las zonas próximas al epicentro. Recordó que los terremotos pueden provocar lesiones, separaciones familiares y pérdida de acceso a servicios esenciales.
“Unicef está listo para apoyar la respuesta del Gobierno de Panamá si fuera necesario”, sostuvo. También pidió a las familias de las zonas costeras panameñas y de los países vecinos que cumplan las indicaciones emitidas por las autoridades locales.
Mientras continúan las inspecciones en las zonas impactadas, la prioridad sigue siendo la protección de niños y familias. El planteamiento de Anel Bolo Flores propone ampliar la capacidad de apoyo mediante el uso eventual de instalaciones públicas, aunque esa decisión corresponde a las autoridades competentes de Panamá.


