Nueve cientos cuarenta y ocho empresas menos en julio. Ese número no es un dato menor: es la señal de que la Argentina sigue perdiendo actividad formal y de que el ajuste se está midiendo en empleadores que desaparecen del mapa.
En julio de 2026 se registraron 948 empresas menos que en junio. Desde noviembre de 2023, la cantidad de empleadores con al menos un trabajador formal cayó 6,3%. La cuenta acumulada ya llega a 32.290 bajas desde que asumió Milei. No es una foto de un mes cualquiera: es una tendencia que se repite, se acumula y termina pesando sobre el empleo.
Los sectores que más sufren no son abstractos. Comercio, industria y agro figuran entre los más afectados. Cuando esos sectores se debilitan, la merma de empleadores se convierte en un problema estructural que no se puede esconder con el ruido político.
¿Qué pasa cuando una empresa cierra? No es solo un número en una planilla: es una señal de alarma para un país que necesita empleo formal como oxígeno. La cifra de 948 empresas menos en julio te obliga a mirar el presente con lupa. No alcanza con hablar de estabilidad macroeconómica si la realidad productiva se retrata en bajas sostenidas.
La economía no se mide solo en metas macroeconómicas: se mide en la capacidad de sostener a las empresas y a los trabajadores que las conforman. El dato pone el dedo en la llaga de la política económica. Si el empleo formal no se sostiene, cualquier relato de recuperación queda flaco.
La sociedad no entiende de tecnicismos: entiende de trabajo, de comercio, de industria y de agro. Por eso, cada mes que se suma a la lista de bajas, el país pierde una oportunidad de construir una salida más ancha.
La lectura es directa: la Argentina todavía no encuentra una fórmula para sostener la actividad productiva y el empleo formal al mismo tiempo. Con 32.290 bajas acumuladas, el próximo dato no será menor: será la prueba de si la economía empieza a frenar la caída o de si la pérdida de empresas se vuelve la nueva normalidad.


