La Feria Provincial del Libro abrió sus puertas en Concordia con una señal clara: la lectura no se negocia. La segunda edición arrancó este viernes con más de 100 editoriales, escritores y librerías, y se extiende hasta el domingo con entrada libre y gratuita.
El dato no es menor: más de 100 editoriales en una misma ciudad, con escritores y librerías compartiendo espacio. No es solo una muestra comercial; es un termómetro cultural. Cuando un territorio puede juntar a tantas voces alrededor del libro, algo está funcionando en su tejido social.
La propuesta incluye presentaciones, talleres y espectáculos hasta el domingo. Ese mix es lo que le da vida a una feria: no basta con estantes y títulos; hace falta gente que hable, que pregunte, que se cruce con el libro en carne viva. La entrada libre y gratuita amplía el público y le saca la excusa del bolsillo.
En una época donde la atención se pelea en pantallas, la feria aparece como un contraataque lento y obstinado. No grita, no promete milagros; propone una conversación. Y en Concordia, con librerías y editoriales presentes, esa conversación tiene lugar, fecha y puerta abierta. Lo que no se lee hoy puede volver mañana, pero si no se ofrece, se pierde.
La entrada libre es la clave de bóveda. Una feria cultural no se mide solo por la cantidad de títulos, sino por la cantidad de personas que pueden entrar sin barreras. En ese sentido, la gratuidad no es un detalle: es una decisión de alcance. Habla de puertas abiertas, de familias, de estudiantes, de curiosos que no siempre compran un libro pero se llevan una idea.
Tampoco hay que romantizar: una feria no resuelve sola la crisis de lectura. Pero sí deja una huella. El escritor que firma, el taller que propone, el espectáculo que cruza la palabra con la escena, todos suman una pequeña red de memoria. Y en una ciudad, esas redes importan: sostienen identidad, oficio y futuro.
El cierre llega el domingo, pero la pregunta queda flotando: qué pasa después. Una feria puede ser un paréntesis brillante o el comienzo de una costumbre. Lo importante es que Concordia está ofreciendo, por estos días, un espacio donde el libro vuelve a ser protagonista. Y si algo le queda al público, aunque sea una sola frase, la feria habrá hecho su trabajo.
Y también está el dato del viernes: arrancar con más de 100 editoriales es un golpe de presencia. No es un encuentro chico, ni una muestra de esquina. Es una apuesta a la palabra, al encuentro y a la ciudad que se piensa a sí misma a través de sus libros.


