El operativo se hizo en el puesto de control del kilómetro 141, en Sauce de Luna, departamento Federal. Allí, personal técnico del SENASA revisó una camioneta tipo pick-up que venía de Hurlingham, Buenos Aires, y tenía como destino la propia localidad.
La carga tenía 156 kilogramos de pescados de mar y 44 kilogramos de mariscos. El problema era claro: la mercadería no llevaba el Permiso de Tránsito Sanitario obligatorio y tampoco mostraba rotulación que acreditara origen, fecha de elaboración ni vencimiento.
Sin esos datos, no se puede certificar que el transporte, la manipulación y la conservación cumplieran con los estándares de higiene e inocuidad. Por eso, el SENASA ordenó el decomiso e inmediata desnaturalización total de los 200 kilos para prevenir riesgos alimentarios.
El organismo sanitario subrayó que estos controles bromatológicos se mantienen en los corredores viales de Entre Ríos. La idea es evitar la comercialización de alimentos de procedencia dudosa y cuidar lo que llega a la mesa de los vecinos.
El caso no es un simple trámite: es una señal de que la trazabilidad sigue siendo un eslabón frágil en la cadena de alimentos. Cuando un producto llega sin rotulación, el consumidor queda expuesto a un riesgo que nadie debería asumir.
La camioneta venía desde Hurlingham, Buenos Aires, y su destino era Sauce de Luna. Ese recorrido, sin el permiso correspondiente, muestra por qué los controles en la Ruta 127 no pueden ser un gesto de foto.
No se trata de sembrar pánico, sino de exigir rigor: si no se puede comprobar el origen, la fecha ni el vencimiento, la carga no puede circular. La inocuidad no es un detalle menor: es una responsabilidad directa con la salud de la población.
El decomiso y la desnaturalización total de los 200 kilos cierran el caso con una medida dura y necesaria. La pregunta que queda es si este control fue la excepción o el comienzo de una política más firme en los corredores viales de la provincia.
Lo que quedó en el expediente es un operativo, una carga irregular y una decisión sanitaria. Esa precisión importa, porque el hecho central es el decomiso y la desnaturalización, no una acusación extendida a terceros.
En una economía donde el precio y la oferta pesan todos los días, la tentación de mover productos sin papeles puede parecer un atajo. Pero el atajo se paga con riesgo sanitario, y ese riesgo no lo elige el productor: lo elige el vecino que compra.
La trazabilidad no es un adorno burocrático: es la forma en que el Estado puede decir por qué un alimento llegó a la góndola, a la parrilla o a la mesa. Sin permiso y sin rotulación, esa cadena se rompe y el control se vuelve imprescindible.
El SENASA subrayó que estos operativos buscan proteger a los vecinos de Entre Ríos. Esa es la línea: no castigar por castigar, sino impedir que una carga sin garantías termine en la comida de alguien.


