Luis Caputo y José Luis Daza llegan el martes a Bangkok para la Asamblea anual del FMI y el Banco Mundial. En el mismo escenario, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, no va a viajar.
El Departamento del Tesoro confirmó que la delegación estadounidense va a estar encabezada por el subsecretario Francis Brooke y la subsecretaria de Asuntos Internacionales Erin Browne. La intención declarada es avanzar en una agenda económica internacional centrada en un crecimiento más fuerte y una economía más balanceada.
Para Argentina, la ausencia de Bessent pesa: el funcionario estadounidense fue clave en el apoyo al FMI y en el millonario paquete de asistencia financiera al gobierno de Javier Milei antes de las elecciones legislativas de 2025. Días atrás, en una entrevista, dijo: “Podríamos hacerlo de nuevo, seguro”.
El Tesoro no aclaró exactamente cuáles son los “compromisos domésticos”, pero el contexto es claro: el 3 de noviembre, Estados Unidos enfrenta elecciones legislativas y el gobierno de Trump corre el riesgo de perder la mayoría en el Congreso. La inflación es el tema que más preocupa a los votantes.
Un sondeo marcó que el 54% de los votantes registrados mencionaba la economía y los precios altos entre los factores más importantes para su voto, frente al 28% que priorizaba la inmigración. En agosto, la inflación estadounidense se ubicó en 3,4% anual.
El impacto en el bolsillo también dejó huella: la energía quedó 16,3% más cara que un año antes y el combustible registró un salto del 27,4%. La política arancelaria y la guerra en Oriente Medio pesaron en los precios.
La ausencia llega en un momento sensible: los rendimientos de los bonos del Tesoro alcanzaron sus niveles más altos en casi 25 años y el shock energético por la guerra en Oriente Medio frenó el crecimiento global. El Departamento del Tesoro dijo que la delegación estadounidense se reunirá con socios para abordar desequilibrios estructurales y impulsar más transparencia en la deuda soberana.
La Asamblea de primavera del FMI y el BM suele hacerse en Washington, pero la anual rota: dos años seguidos en la capital estadounidense y luego en otro país miembro. Esta vez, la sede es Tailandia, y viajar se complica para un funcionario que necesita estar en su país.
No es inusual que un alto funcionario falte por agenda, pero cuando el país con más peso en el FMI no envía a su secretario, se te complica el tablero para quienes buscan bilaterales. Para Argentina, la señal no es menor: el mundo financiero mira la región con lupa, y cada reunión se juega con más tensión.


