viernes, octubre 9, 2026
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Duelo en la UNER: cierran sedes por el fallecimiento de María Gabriela Bastida

La noticia llegó con el peso de lo que no se dice: María Gabriela Bastida se fue, y la Facultad de Ciencias de la Salud de la UNER decidió cerrar sus sedes este viernes 9 de octubre. No es un cierre cualquiera: es una pausa institucional, un gesto breve pero claro para decir que algo importante se rompió en el corazón de la vida académica.

La institución la presentó como secretaria de Posgrado y Acreditación, un cargo que no es un escritorio cualquiera: es el que sostiene, ordena y da forma a la vida académica cuando los proyectos, los títulos y las acreditaciones necesitan un hilo que no se rompa. Detrás de cada trámite hay una persona, una carrera, una vocación que busca sostén; y ese sostén, a veces, tiene nombre propio.

Cerrar ambas sedes y suspender las actividades no es solo un comunicado: es una forma de que la comunidad pueda detenerse. En una facultad, el tiempo no se mide solo en clases, exámenes o reuniones; también se mide en la presencia de quienes hacen que el día a día no se vuelva un engranaje frío. Cuando falta una figura que ordena, acompaña y da forma, el silencio pesa distinto.

La palabra duelo aparece en el anuncio y trae consigo una verdad simple: no hay duelo sin pérdida, y no hay pérdida sin memoria. En la universidad, la memoria no se guarda solo en archivos: se conserva en la manera de enseñar, en la forma de recibir a los estudiantes, en el tono con que se habla de quienes hicieron posible la carrera.

¿Qué queda cuando se va una persona que se dedicó a sostener procesos? Queda el trabajo, sí, pero también una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que se hace todos los días se apoya en alguien que no siempre aparece en primera plana? En la academia, como en la vida, vos sabés que hay manos que ordenan, voces que acompañan y presencias que hacen que el sistema no se sienta tan distante.

El anuncio es breve, pero el vacío no lo es. Una facultad que cierra sus puertas por un día no está parando por rutina: está reconociendo que la institución también tiene afectos, vínculos y deudas de reconocimiento. En ese gesto, hay una lección para todos los que trabajamos en el mundo educativo: los nombres importan, los cargos importan, y las personas que los ocupan importan todavía más.

Así, este viernes 9 de octubre la Facultad de Ciencias de la Salud se detiene. No con ruido, no con gestos exagerados, sino con la sobriedad de quien entiende que el duelo también se vive en el trabajo, en la sala de reuniones, en el pasillo, en el silencio de un aula que no suena. Y en ese silencio, queda la memoria de María Gabriela Bastida, una figura que formó parte de la vida institucional.

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