La concejal Villalba, de la oposición, señaló que el baño de hombres había permanecido cerrado, que el de mujeres se encontraba en malas condiciones, con problemas con las llaves de agua, y que el espacio para personas con discapacidad solo podía ser usado por hombres. En la sesión, convirtió ese estado en una denuncia contra la Terminal de Ómnibus. El oficialismo respondió con un relato de obras, reparaciones y una tormenta que dejó el edificio a la vista.
La edil sostuvo que se trataba de un reclamo de vecinos y subrayó que la terminal es usada a diario por quienes viajan en servicios de media y larga distancia. Para ella, el lugar no es un rincón cualquiera: es “la puerta de acceso a turistas, vecinos y gente de la zona”. Esa frase le da peso político al reclamo, porque convierte un baño roto en un problema de imagen y de ciudad.
La oposición también citó videos difundidos en redes sociales que mostraban filtraciones en la galería de acceso a los sanitarios durante los días de lluvia. “Queremos una ciudad turística que brinde servicios a las personas que viajan por trabajo o a nuestros vecinos”, expresó Villalba. El dato no es menor: si la lluvia deja el agua entrando, la reparación no puede ser una promesa de campaña, sino una tarea urgente.
Desde el oficialismo, la concejal Celeste Fuscado cuestionó algunos planteos y aclaró que los baños no fueron clausurados de manera definitiva. Según su versión, se cerraban temporalmente para permitir trabajos de reparación. Explicó que en junio se hicieron relevamientos técnicos y que desde el 7 de septiembre se realizan tareas en distintos sectores de la terminal.
Fuscado detalló que se están haciendo “trabajos de reparación de agua, de descargas, de arreglos de paredes, de humedad, impermeabilización y de pintura”. También contó que el sanitario de hombres fue reinaugurado el lunes pasado, pero que apenas dos horas después volvió a presentar una rotura y debió ser reparado nuevamente. Ese dato complica el relato: si la obra se inaugura y vuelve a fallar en dos horas, la pregunta no es si se está trabajando, sino si el problema se está resolviendo.
La concejal oficialista reconoció que la intensa tormenta de la noche anterior provocó el ingreso de agua en la terminal y que el viento rompió vidrios en el edificio. Admitió además que el estado de la terminal viene siendo un problema desde hace años, aunque evitó llamarlo “desastre” y dijo que el edificio “no es de lo mejorcito” que presenta la ciudad. Esa frase, dicho con cuidado, resume el fondo del reclamo: no se trata de un accidente puntual, sino de una deuda acumulada.
La minuta necesitaba mayoría simple, pero el bloque del PJ no contó con adhesiones de otros concejales y fue rechazada. El debate deja una señal clara: la terminal no puede seguir siendo un termómetro del descuido ni un escenario de discusiones que se repiten. La ciudad necesita que quien llega encuentre servicios básicos, no una lista de excusas.


