jueves, octubre 8, 2026
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Unionbat cerró su planta en Gualeguaychú, despidió a 101 y entró en concurso

Unionbat no solo cerró la llave de su planta de Gualeguaychú: dejó en el piso a 101 trabajadores y entró en concurso de acreedores. El golpe es fuerte, directo, y llega con una factura que ya se veía venir: cerca de $5.000 millones en indemnizaciones y deudas que superan los $40.000 millones.

La firma, conocida por fabricar las baterías Willard, cerró su fábrica y dejó en el piso a un plantel que ahora queda afuera, con una deuda que complica cualquier intento de recomponer la operación.

La empresa reconoció cerca de $5.000 millones en indemnizaciones pendientes y deudas superiores a $40.000 millones. No es solo un problema contable; es un espejo de lo que pasa cuando una empresa llega al límite sin poder sostener salarios, proveedores ni compromisos.

Si se pone la lupa sobre los números, la diferencia es evidente: las indemnizaciones rondan los $5.000 millones, pero las deudas superan los $40.000 millones. Es decir, el problema no es solo pagar salarios; es una carga que puede ahogar cualquier reorganización si no aparece una salida concreta.

Para Gualeguaychú, el cierre no queda en un acta judicial. Significa menos trabajo, menos consumo, menos movimiento en una ciudad que necesita sostener su actividad. Y cuando una planta se apaga, el golpe no se queda en la puerta de la fábrica: se reparte en comercios, servicios, familias y expectativas.

Los 101 trabajadores son el rostro humano de esta crisis. No son cifras sueltas: son contratos, cargas familiares, planes y, sobre todo, una incertidumbre que ahora se vuelve judicial. El concurso abre un proceso, pero no borra la angustia de quien mañana no sabe si va a tener su puesto.

El concurso de acreedores no es una quiebra automática, aunque tampoco es una solución mágica. Es un proceso donde la empresa intenta ordenar sus cuentas, definir prioridades y ver si puede seguir operando. Pero para los trabajadores, la espera no es un detalle: es el tiempo en que la incertidumbre se vuelve cotidiana.

La palabra acreedores no es casual: detrás de una deuda de ese tamaño hay compromisos que pesan. El ingreso en concurso busca ordenar esa situación, mientras se define si la compañía puede reorganizar su actividad. Por ahora, el dato central es claro: la fábrica de Gualeguaychú cerró, 101 empleados quedaron despedidos y la empresa enfrenta una deuda que supera los $40.000 millones.

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