En Colón, el dolor volvió a tomar la calle con una marcha que pidió justicia por Ian Sampallo, el joven de 25 años que murió tras un choque en la Ruta Provincial 135.
Familiares, amigos, trabajadores y vecinos salieron a la calle en Colón para decir que la muerte de Ian no puede quedar en el silencio. El reclamo es directo: quieren justicia, no solo memoria. Y ahí está el punto que más duele: todavía no recibieron respuestas.
La mamá de Ian fue clara: no recibieron respuestas. No pidió un enemigo fácil, no inventó culpables, no armó una escena con datos que no están. Pidió lo mínimo: que el caso avance, que haya una pericia, que la verdad no se quede en el aire. En una sociedad que a veces se cansa de esperar, ese pedido simple pesa como una sentencia.
En una provincia donde las rutas son vida, un choque no es solo un accidente: es una herida que se extiende a la familia, a los amigos, a los trabajadores, a los vecinos. La Ruta Provincial 135 quedó marcada por la muerte de Ian. Y ahora, el peso de la espera recae sobre quienes quieren que no pase como tantas otras veces: que el expediente avance lento y la memoria se quede con el reclamo.
Lo que se vio en la marcha de Colón no fue un grito vacío. Fue un pedido de justicia con nombre y apellido. Ian Sampallo tenía 25 años, una vida que se cortó de golpe. Y ahora su familia, junto a quienes lo acompañan, exige que la verdad no se diluya en el tiempo. Porque cuando una comunidad entera sale a la calle, el silencio ya no es una opción.
Las pericias estarían en noviembre. Ese dato, en apariencia frío, es el que sostiene la esperanza de una familia que no quiere que la muerte de su hijo quede en el olvido. Porque una pericia no es un trámite: es la herramienta que puede ordenar lo que quedó revuelto después de un choque.
La espera por las pericias puede ser la prueba más dura. No es solo un plazo: es el momento en que el dolor se mide contra la verdad. Si en noviembre llegan los resultados, la comunidad tendrá un dato más. Si no, la pregunta seguirá abierta. Y mientras tanto, la marcha de Colón quedó como una señal: esta historia no se va a archivar sin respuestas.
¿Qué pasa cuando una comunidad entera se pone de pie por un joven? Pasa que el hecho deja de ser un expediente y se vuelve un espejo. En Colón, la marcha no fue solo un acto de duelo: fue una advertencia. Si la justicia no avanza, la calle vuelve. Y si la respuesta llega tarde, la memoria se vuelve exigencia: dejá de esperar y empezá a responder.
La marcha dejó en claro que la familia, los amigos, los trabajadores y los vecinos de Ian Sampallo no van a soltar el pedido. El próximo paso estará ligado a las pericias que estarían en noviembre. Hasta entonces, la pregunta sigue en la misma ruta: ¿cuándo llega la respuesta?


