En Brasil, la primera vuelta dejó un mapa roto: Flavio Bolsonaro superó a Lula y empujó la elección hacia el balotaje del 25 de octubre.
El dato duro es otro: tras liderar la mitad del conteo con más del 50%, el candidato del Partido Liberal terminó con 47,11%, frente al 45,07% de Lula. Prácticamente ninguna encuestadora logró anticipar ese desenlace, y San Pablo amaneció tranquila, con la mirada puesta en la segunda vuelta.
La elección se movió entre la polarización, el avance del PL en el Congreso y el rechazo al oficialismo. En ese escenario, el hijo del expresidente condenado Jair Bolsonaro logró imponerse sobre el veterano líder de la izquierda, Luiz Inácio Lula da Silva. El resultado obliga a ambos a competir por alrededor de los 8% de votos de los candidatos menores y, sobre todo, por el 21% de brasileños que no participó.
Lula reconoció que su equipo esperaba evitar el balotaje. “Estábamos convencidos de que íbamos a ganar en primera vuelta”, admitió ante sus seguidores en San Pablo. Pero ahora, dijo, empieza una nueva etapa: “Estamos en la prórroga y es ahí donde vamos a convencer al pueblo brasileño”.
Flavio Bolsonaro, en tanto, salió a marcar el tono. “Brasil quiere un cambio, esa es la lectura de lo que pasó hoy”, afirmó frente a su casa en Brasilia. Después definió el resultado como “el fin de la era del Partido de los Trabajadores”.
Dentro del comando del PL, gana fuerza la posibilidad de que Flavio reduzca su exposición en los debates públicos y participe únicamente del debate presidencial de TV Globo. El propio candidato ya empezó a contactar a dirigentes fortalecidos en las urnas, como el gobernador electo de Minas Gerais, Cleitinho Azevedo, y el candidato del PL que quedó primero en la elección para gobernador de Río de Janeiro, Douglas Ruas.
También se reunió con el gobernador afín de San Pablo, Tarcísio de Freitas. La campaña de Lula, en cambio, deberá intentar revertir un resultado de primera vuelta que parece inédito en Brasil. Para ello apuntará a ampliar su ventaja en el Nordeste y a darle más protagonismo a su candidato a vicepresidente, Geraldo Alckim, a quien consideran atractivo para los votantes de centro.
La segunda vuelta volverá a poner frente a frente dos programas de gobierno con diferencias marcadas. Lula plantea un Estado más activo, con mayor inversión pública y expansión de las políticas sociales, además de terminar con la jornada laboral 6×1 y mantener aumentos reales del salario mínimo. En seguridad, propone una mayor coordinación federal y el combate al financiamiento del crimen organizado.
La segunda vuelta se jugará en 20 días, con dos programas de gobierno, un electorado dividido y la posibilidad de que el resultado amplíe el giro a la derecha en la región. En el último año, ese movimiento contó con triunfos en Colombia, Perú y Honduras, bajo la mirada de Estados Unidos y Donald Trump.


