sábado, octubre 3, 2026
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La industria textil cayó 22,6% y perdió más de 28.000 empleos

La industria textil vuelve a dar una señal de alerta: en 2026, la actividad cayó 22,6% y el sector acumula la pérdida de más de 28.000 empleos desde diciembre de 2023. No es un número menor: es una herida que se abre en el trabajo, en los salarios y en la producción.

El sector opera al 45,3% de su capacidad instalada. Es decir, hay capacidad que no llega a usarse, y eso no es un problema menor: es una señal de que la actividad no alcanza a usar todo lo que el sector podría producir.

La caída de 22,6% no es un ajuste suave ni un bache puntual. Es un retroceso fuerte durante 2026, en un rubro que ya venía golpeado desde diciembre de 2023. Cada punto porcentual que se pierde en actividad se traduce en menos producción, menos ingresos y menos trabajo en una cadena productiva.

Y el empleo es la parte más dura. Más de 28.000 puestos perdidos desde diciembre de 2023 no son una estadística fría: son familias, hogares y proyectos que se ven afectados. Cuando un sector pierde trabajo de forma sostenida, el efecto no se queda en la producción: se extiende a los hogares, a la venta y a la confianza de la economía.

Operar al 45,3% de la capacidad instalada también habla de un problema de fondo: la industria no está paralizada, pero tampoco está en condiciones de producir a pleno. Esa media tensión es la que más desgasta, porque deja a las empresas en una zona gris donde cada decisión pesa: producir, ajustar, esperar, despedir o intentar sostener el empleo.

¿Qué queda entonces? Un sector que necesita señales claras para volver a producir, vender y contratar. Con una actividad que no alcanza a usar toda la capacidad instalada, la crisis no se resuelve con gestos: se resuelve con decisiones que permitan recuperar actividad, sostener el empleo y dar certidumbre a una cadena productiva que ya pagó caro el retroceso.

La lectura es simple y dura: cuando la actividad cae y el empleo se va, el costo no lo paga solo la empresa. Lo paga la sociedad, porque el trabajo textil no es solo un insumo industrial: es ingreso disponible, consumo y estabilidad para miles de personas. Recuperar ese piso no es un lujo: es una condición para que la economía vuelva a caminar.

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